La crueldad de los zoológicos explicada por la neurociencia

La práctica de mantener animales en cautiverio es defendida muchas veces como necesaria como una herramienta educativa y de conservación de especies. Sin embargo, cada vez son más las organizaciones que claman por el cierre de espacios como los zoológicos y acuarios, en defensa de los derechos de los animales.

Sin embargo, mantener enclaustrados en zoológicos o acuarios a grandes mamíferos podría provocarles una serie de trastornos físicos y mentales, según el investigador Bob Jacobs, profesor de Neurociencia de la Colorado College,  en una publicación en The Conversation.

“Es fácil observar la salud general y las consecuencias psicológicas de la vida en cautiverio de estos animales”, afirma el académico.

Según el investigador, muchos elefantes cautivos padecen de artritis, obesidad o problemas cutáneos. Las orcas sufren de neumonía, enfermedades renales o infecciones gastrointestinales. Ambas especies suelen tener daños dentales.

Jacobs apunta que también desarrollan “estereotipias”, hábitos repetitivos y sin sentido, como mover constantemente la cabeza o balancearse incesantemente, como una forma de sobrellevar el encierro.

“La investigación neurocientífica indica que vivir en un entorno cautivo estresante y empobrecido daña físicamente el cerebro”, asegura el científico.

Otras consecuencias

Una jirafa en un zoológico
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Agrega que la investigación de laboratorio también sugiere que los mamíferos en un zoológico o acuario tienen una función cerebral comprometida.

“Subsistir en espacios confinados y estériles que carecen de estimulación intelectual o contacto social apropiado parece adelgazar la corteza cerebral, la parte del cerebro involucrada en el movimiento voluntario y la función cognitiva superior, incluida la memoria, la planificación y la toma de decisiones”, apunta.

Otras consecuencias nocivas es el encogimiento de los capilares, lo que priva al cerebro de sangre rica en oxígeno.

“Las neuronas se vuelven más pequeñas y sus dendritas, las ramas que forman conexiones con otras neuronas, se vuelven menos complejas, lo que afecta la comunicación dentro del cerebro. Como resultado, las neuronas corticales de los animales cautivos procesan la información de manera menos eficiente que las que viven en entornos enriquecidos y más naturales”, apunta.

Actividad física

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El vivir en espacios reducidos también afecta la actividad física, lo que a la larga también se transforma en un menor flujo de sangre al cerebro. “El ejercicio aumenta la producción de nuevas conexiones y mejora las habilidades cognitivas”, explica.

“Vivir en recintos que restringen o impiden el comportamiento normal genera frustración y aburrimiento crónicos”, detalla.

Según el investigador, estas situaciones fomentan la indefensión aprendida, impactando negativamente el hipocampo, que maneja las funciones de la memoria, y la amígdala, que procesa las emociones.

“Existe una fuerte evidencia de que el enriquecimiento, el contacto social y el espacio apropiado en hábitats más naturales son necesarios para animales longevos con cerebros grandes como elefantes y cetáceos. Mejores condiciones reducen los comportamientos esterotípicos perturbadores, mejoran las conexiones en el cerebro y desencadenan cambios neuroquímicos que mejoran el aprendizaje y la memoria”, puntualiza.

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