Estudio explica cómo los animales pueden detectar los campos magnéticos

Siempre hemos sabido que los animales pueden percibir los campos magnéticos de la Tierra. Es una especie de habilidad llamada magnetorecepción que les permitiría a las distintas especies realizar migraciones a larga distancia, o bien encontrar el camino de regreso a casa.

Sin embargo, hasta ahora desconocíamos cómo podían hacerlo. Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Florida Central (UCF, en inglés) propone una especie de brújula hecha de microbios, lo cual les otorgaría a los animales un “sexto sentido magnético” para orientarse sobre la Tierra.

El trabajo estuvo liderado por el profesor asistente del Departamento de Biología de la UCF, Robert Fitak, y contó con la participación de investigadores de Israel y Reino Unido. Los resultados fueron publicados en un artículo de Philosophical Transactions of the Royal Society B.

De acuerdo al estudio, los animales pueden detectar los campos magnéticos simbióticamente a través de las bacterias que viven en su interior, particularmente las bacterias magnetotácticas (MTB).

Una vaca en el centro de la imagen

Estas bacterias se orientan a través de las líneas de campo magnético gracias a una cadena de estructuras magnéticas al interior de sus organismos llamadas magnetosomas.

En este nuevo estudio, los encargados han descubierto que las bacterias magnetotácticas no son tan raras como se pensaba, de hecho, son mucho más comunes en el microbioma de los animales. “Las MTB no son una anécdota de la naturaleza, pero de hecho, las MTB son omnipresentes en los entornos acuáticos y anaeróbicos y tienen una distribución mundial”, señalan los autores.

En la investigación, Fitak y sus colegas han descubierto que las bacterias magnetotácticas están asociadas a muchos animales, entre ellos una especie de pingüino, murciélagos, ballenas francas del Atlántico y tortugas marinas bobas.

Si bien, aún se ignora en qué parte del animal se encontrarían las bacterias magnetotácticas, se cree que estarían asociadas con el tejido nervioso, como el ojo o el cerebro.

“Estoy trabajando con los coautores e investigadores locales de la UCF para desarrollar una prueba genética para estas bacterias, y planeamos analizar posteriormente varios animales y tejidos específicos, como tortugas marinas, peces, langostas espinosas y aves”, añade Fitak.

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