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Por qué el boicot a Facebook está condenado al fracaso

Ha sido como una bola de nieve que ha crecido de forma constante: importantes firmas de alcance global anunciaban a bombo y platillo que cancelaban toda campaña en Facebook hasta que la red social no se pusiera firme con asuntos tan graves como el discurso de odio, el racismo y una potencial influencia en los procesos electorales.

En este asunto hay dos posiciones bien diferenciadas: la de Twitter, que ha decidido adoptar una más activa, censurando reiteradamente al mismísimo Donald Trump, y la de Facebook, que no comparte a intervención mediante los «fact check» de Twitter y prefiere dejar más vuelo a la cometa e intervenir únicamente en grupos y mensajes que incumplan algunas de sus políticas.

En medio de toda esta tormenta y tras los sucesos en torno al tristemente conocido George Floyd, Facebook se ha encontrado con un problema inesperado: una iniciativa llamaba al boicot pero no desde el lado del usuario, sino desde el de los anunciantes. El objetivo era forzar a la red social a adoptar medidas más drásticas cerrando el grifo publicitario, esto eso, que dejara de recibir ingresos por parte de las principales marcas. Lo que parecía un brindis al sol pronto se convirtió en un serio problema, al menos de imagen: marcas como North Face, LEGO y hasta la propia Coca-Cola decidieron «pausar» (muy atentos a este verbo) su inversión publicitaria.

Mark Zuckerberg y sus razones de peso

Facebook F8
Imagen utilizada con permiso del titular de los derechos de autor

Cada día un goteo de nuevas y conocidas marcas se sumaba al boicot, anunciando la renuncia momentánea a planes de inversión publicitarios masivos. Sería un buen argumento para el pánico, ¿verdad? Lo cierto es que, a buen seguro, este incidente pasará en el tiempo como un pequeño bache en la cuenta de resultados de la compañía pero sin llegar a provocar un pánico desmedido.

Vamos, que a Zuck, en el fondo, no le va a quitar el sueño. Esto no quiere decir que desde la red social se haya entonado un mea culpa y se hayan anunciado inversiones millonarias para establecer más medidas de control, pero más allá de eso, la respuesta fue clara: ni un paso atrás.

En realidad, la verdadera pérdida para la plataforma en este complot organizado es de imagen, no de ingresos. ¿Por qué? Hay dos respuestas para ello: la primera y más importante: el grueso de sus anunciantes de son pequeños y están atomizados. Que Coca-Cola cancele una campaña pagará un serio peaje a la firma en una cuestión de prestigio, pero no será más que un susto para sus accionistas. Los pequeños anunciantes son el verdadero corazón publicitario de Facebook y esto nos lleva a la segunda gran explicación de la tranquilidad de Zuck: Instagram.

Facebook, ni juez ni parte

Varias cámaras sacan fotos al logo de Facebook
Imagen utilizada con permiso del titular de los derechos de autor

Cuando nos referimos a Facebook, como marca, parece que dejamos en el olvido con frecuencia a Instagram, la verdadera gallina de los huevos de oro del holding. Si nos ponemos en el pellejo de una marca que decide renunciar a anunciarse en Facebook y sus aledaños… ¿dónde invierte su publicidad? ¿En TikTok? ¿AdWords? Esta pregunta nos lleva a una realidad que hay que comenzar a asumir: Facebook —como marca con sus productos— es tan grande, que quien no esté anunciado ahí renuncia a una gran parte de su potencial de ventas. Un repaso a las historias de Instagram y los anuncios intercalados te dará una buena idea de esta realidad: hay una pléyade de productos que nunca conocerías si no fuera a través de este canal.

Es posible que North Face y Coca-Cola puedan asumir un barbecho publicitario temporal. A fin de cuentas, el peso de sus marcas sostiene, en parte, las ventas, pero los pequeños anunciantes necesitan la compra por clic a diario. Y no van a renunciar a ella, porque no sobrevivirían. Zuckerberg lo sabe y ha demostrado una tremenda sangre fría y dotes de liderazgo absoluto: no dará un paso atrás. Puede que estés de acuerdo con la iniciativa de los anunciantes, pero ¿qué sucedería si Facebook diera su brazo a torcer y cediera a las exigencias de los promotores del boicot? Podrías pensar que sería lo correcto, lo más acertado y coherente con la coyuntura actual, pero hay una segunda lectura: la que afecta de lleno al negocio de la compañía.

Una cesión de terreno en un aspecto tan clave como la relación de los anunciantes con la plataforma crearía un marco de inseguridad para los anunciantes actuales y futuros. ¿Puede una gran marca estar segura de la estabilidad de una plataforma flexible a las presiones? Zuck explicó esta decisión de forma interna aclarando lo que ya sospechábamos: el boicot afecta a un “porcentaje muy pequeño” de los anunciantes y que “volverán pronto”. Y fue el propio CEO el que advirtió que esta campaña afectaría sobre todo a la “reputación” de la empresa.

No es la primera vez que Facebook se enfrenta a una campaña en la que se pide el boicot (recordemos el #deleteFacebook), pero la red social no ha hecho sino seguir creciendo en número de usuarios y, con ellos, los anunciantes.

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Jose Mendiola
José Mendiola es licenciado en Economía, habla inglés y francés, y reside en San Sebastián, en el norte de España…
El día que Mark Zuckerberg tocó el suelo: nadie se fía de Libra

Uno podría pensar que en ocasiones lo olvida, pero el Congreso de los Estados Unidos de cuando en cuando recuerda a Mark Zuckerberg que es un ser humano, y que debe someterse al imperio de la ley al igual que el resto de los mortales. ¿Por qué hemos arrancado así este artículo? Porque las autoridades parecen ser las únicas que, más o menos, pueden plantar cara al omnímodo poder de Facebook. Y así lo hicieron.

La comparecencia del fundador de Facebook fue un golpe con la realidad, posiblemente demasiado duro, para este genio que en ocasiones olvida qué es real y qué es virtual. Ajeno a todo tipo de graves controversias que todavía tenemos muy presentes, Facebook ha impulsado, sin solucionar realmente la crisis de privacidad de su plataforma, una criptomoneda con la que pretendía ampliar el alcance de sus tentáculos.

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No pudo escoger un peor momento Facebook para anunciar su estreno en el mundo de las criptomonedas, y es que el gigante sigue ajeno a todo y sin comprender que la sociedad, cuando menos, mira con suspicacia su relajada visión de la privacidad del usuario. El coloso de Mark Zuckerberg presentó, como recordarás, el pasado 18 de junio Libra, una moneda acuñada mediante la tecnología de blockchain y que estaría operativa en 2020. Sin embargo, Facebook se ha encontrado con un rechazo, fundamentalmente institucional, que podría dar al traste esta arriesgada apuesta. ¿Qué es Libra exactamente y por qué está viviendo momentos convulsos?
Qué es exactamente Libra
Se trata de una criptomoneda creada gracias a la alianza de marcas de reconocido prestigio y presencia en el mercado, como Facebook, Vodafone, Uber, eBay, entre otros, y como hemos apuntado, se basa en la tecnología de cadena de bloques. Por no volvernos locos en explicaciones técnicas ni financieras, uno de los argumentos esgrimidos por Facebook para justificar esta moneda es la sencillez: cualquiera que tenga un teléfono puede enviar dinero a otra persona en otro punto del globo sin ningún tipo de intermediación ni coste y en tiempo real. Y lo estarás pensando ¿no puedo hacer eso en mayor o menor medida con mi banco?

La principal ventaja de las monedas basadas en cadena de bloques (blockchain) es que no requieren de ningún tipo de intermediación y por extensión, no hay ni costes ni un control añadido por terceros. Pero Facebook no se ha limitado a incorporar a Libra como forma de transacción entre sus usuarios: ha creado Calibra, una cartera digital para almacenar el dinero de una forma sencilla. Digamos que con Calibra, sobre el papel, no sería necesario disponer de una cuenta corriente en un banco.
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¡Hay vida más allá de WhatsApp! Esta es la alternativa que encontré
whatsapp mensajes desaparecen

Un nuevo pitido y otra mirada a la pantalla del teléfono. ¿De qué se tratará esta vez? Mediante una mirada carente de todo interés descubro que se trata de un nuevo mensaje de WhatsApp, un dato que ya le resta todavía más interés si cabe al asunto. Esta plataforma pasó de suponer una auténtica revolución que transformó la forma en la que nos comunicamos, a convertirse en algo realmente pesado e incómodo. A este respecto y adelantándome a lo que estarás pensando, sí, coincido contigo: la culpa no es de la plataforma, sino del uso que hacemos de ella. Pero... ¿es esto realmente así?

Todavía tengo vivo en la memoria cómo fueron los orígenes de la telefonía móvil: tuve la ocasión de disfrutar en el trabajo de los clásicos Startac de Motorola o los celebérrimos modelos de Nokia; en aquel tiempo no había planes de datos, fundamentalmente porque los teléfonos carecían de acceso a internet. Antes de convertirse en inteligentes, para las operadoras el negocio estaba en las llamadas y los mensajes; sí, recuerdo que por aquel entonces se comercializaban paquetes de SMS, porque los despistados que enviaban un mensaje sin pensarlo, lo recordaban posteriormente a fin de mes. Pero WhatsApp acabó con esta tiranía.
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