Prueban un bluetooth para el cerebro a través de las venas

Los dispositivos conocidos como interfaz cerebro-máquina, –capaces de traducir información neuronal en comandos con el fin de controlar software o hardware externo con la mente– están cambiando la vida de personas con discapacidad. Es el caso de dos enfermos de ELA que han probado con éxito un implante de este tipo con el que pueden escribir mensajes de texto, enviar emails y comprar en internet, entre otras acciones, a través del pensamiento directo y sin necesidad de cirugía.

Este bluetooth para el cerebro –así lo denomina la empresa que lo ha desarrollado, Synchron–, a diferencia de otros dispositivos similares, no se implanta en la cabeza sino en el cuello, concretamente en la yugular. “Los pacientes pudieron usar sus impulsos para controlar dispositivos digitales sin la necesidad de una pantalla táctil, mouse, teclado o tecnología de activación por voz”, según el primer estudio de viabilidad, publicado en Journal of NeuroIntervetional Surgery.

interfaz cerebro-maquina
David Cassolato / Pexels

Es la primera investigación llevada a cabo humanos de esta interfaz cerebro-máquina y demuestra que “un BCI implantado a través de los vasos sanguíneos del paciente es capaz de restaurar la transmisión de impulsos cerebrales fuera del cuerpo, y de forma inalámbrica”.

Implantado con una cirugía no invasiva, el dispositivo “me ha permitido volver a ser productivo, incluidas las compras y la banca. Es increíble recuperar este nivel de independencia”, afirma Graham Felstead, la primera persona a la que se le ha implantado el BCI a través de los vasos sanguíneos. Fue en agosto de 2019 y continúa utilizándolo.

Con este implante y un rastreador ocular para la navegación, los pacientes fueron capaces de controlar Windows 10 con la mente y hacer clic con el ratón y zoom con una precisión media del 92 por ciento y velocidades de escritura de entre 14 y 20 caracteres por minuto. “Después de la implantación y el entrenamiento, los pacientes comenzaron a usar el sistema en casa sin supervisión desde el día 86 y el día 71, respectivamente”, explica el estudio.

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