Veinte años de GameCube, la última consola tradicional de Nintendo

El 14 de septiembre de 2001, hace 20 años, ocurrió algo insólito dentro de la historia de Nintendo. La compañía nipona lanzó a la venta en Japón y Estados Unidos una nueva consola: la Nintendo GameCube.

La GameCube sería la primera plataforma en dejar atrás los cartridges o cartuchos que habían utilizado las consolas de Nintendo hasta la fecha para dar el salto a un tipo de almacenamiento óptico. La GameCube venía con un lector de discos tipo mini-DVD, que utilizaban un formato propiedad de Nintendo.

El flirteo de Nintendo con los discos ópticos no era nuevo. Para la Super NES se había planificado y diseñado un dispositivo que permitiría conectar CD-ROM a la consola, incluso tenía nombre: Super Nintendo PlayStation; hasta antes de su cancelación, este periférico había sido desarrollado en conjunto con Sony.

La historia de lo que ocurrió después con esa plataforma es conocida por todos y su linaje continúa vivo en la PlayStation 5.

Pero volvamos a la GameCube, la protagonista de esta fecha tan importante. Luego de Nintendo 64, la empresa nipona se dio cuenta que su formato de cartuchos era una piedra de tope, tanto por los costos de fabricación como por las limitaciones técnicas de un sistema que había sido en parte un factor importante para que la Nintendo 64 quedase atrás de su competencia.

A comienzos de 2000, y con la PlayStation 2 en las calles, Nintendo tenía que dar el salto a una tecnología que comenzaba a masificarse. Aunque, a diferencia de Sony, lo haría bajo sus propios términos, mediante un sistema de DVD en miniatura que almacenaba hasta 1.5 GB de datos. La GameCube no era una consola para multimedia, como sus contemporáneas PlayStation 2 o Xbox; Nintendo la diseñó exclusivamente para jugar.

Más allá del formato de discos, la GameCube implicó un salto técnico importante respecto a su antecesora, la Nintendo 64. Si dicha consola era la génesis incómoda de los gráficos en tres dimensiones, la GameCube llegó para refinar por completo esa puesta en escena. Y aquello fue patente con los primeros juegos como Luigi’s Mansion que, además de ser muy bueno, lucía mucho más nítido y fino que cualquier juego de Nintendo 64.

Luigi’s Mansion,

GameCube fue una consola potente. Al lado de la PlayStation 2, su superioridad técnica era evidente y un ejemplo de esto fueron las diferencias que se vieron en Resident Evil 4, juego que se estrenó primero en GameCube gracias a la sociedad entre Nintendo y Capcom.

Por otra parte, algunos juegos de Nintendo para la GameCube consiguieron un estatus importante. En esta consola nacieron sagas como Metroid Prime o el mismo Luigi’s Mansion. Asimismo, Super Mario Sunshine fue un experimento interesante, tal como la renovada puesta en escena de The Legend of Zelda: Wind Waker.

Sin embargo, lo que a la GameCube le sobró en un apartado le faltó en otro. Los juegos de Nintendo resultaron de altísima calidad, pero a cambio los títulos de terceros más importantes de esa generación simplemente omitieron a la GameCube. Juegos como Grand Theft Auto III, Vice City o San Andreas fueron buques insignia de la PlayStation 2 (también aparecieron en la Xbox) y que, por su corte más adulto, brillaron por su ausencia en la consola de Nintendo.

En cambio, títulos que originalmente iban a ser exclusivos de GameCube como el mencionado Resident Evil 4 o Viewtiful Joe, ambos de Capcom, terminaron también en otras plataformas por una sencilla razón: las ventas en la GameCube fueron paupérrimas.

Resident Evil 4.

GameCube fue la última consola de Nintendo que compitió con el resto en términos de tecnología de punta. Si bien la mayoría de los juegos tenían una mejor presentación audiovisual que los de PlayStation 2, el público se volcó en masa hacia la consola de Sony simplemente porque el catálogo era mucho más amplio y diverso. En ese sentido, la GameCube fue una consola solo para los más acérrimos nintenderos, mientras que el público general prefirió otras opciones.

Hacia finales de 2006, la GameCube había vendido apenas 21 millones de unidades, muy por debajo de los 50 millones proyectados por Nintendo. Y este fracaso explica por qué la compañía cambió de paradigma casi por completo con la Nintendo Wii, la sucesora de la GameCube que apostó por el público masivo con productos como Wii Sports o Wii Fit, que fueron un éxito total.

Curiosamente, las entrañas de la Wii eran básicamente una GameCube subida de revoluciones; todos los juegos de esta última fueron retrocompatibles. Nintendo optó por lo sano y usó la GameCube como base tecnológica para la Wii, que solo necesitó de un nuevo nombre y un control como el Wiimote para convertirse en una de las consolas más exitosas de toda la historia.

Foto: Paweł Durczok (Unsplash).

En cambio, la GameCube fue algo así como el último intento de Nintendo por producir una consola para apelar al público que jugaba con ellos desde la NES. No obstante, con la perspectiva del tiempo se puede ver que la compañía no entendió que ese mismo público estaba creciendo y veía a la PS2 o la Xbox como consolas hechas por y para ellos, mientras que la GameCube, en cierta forma, seguía viéndose como un juguete.

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