Informe de Oxford exculpa a vacuna COVID-19 de reacción adversa

La reacción adversa grave en uno de los participantes, que llevó a suspender temporalmente los ensayos en humanos de la vacuna contra el COVID-19 de AstraZeneca, no estuvo relacionada a la aplicación del antídoto.

Así lo plantea un documento publicado por la Universidad de Oxford, que desarrolla la vacuna en conjunto con la farmacéutica británica.

AstraZeneca y la Universidad de Oxford habían iniciado a fines de agosto de 2020 la fase 3 del estudio para desarrollar un medicamento que permita prevenir la infección del SARS-CoV-2.

Sin embargo, el 8 de septiembre los ensayos en humanos de su vacuna contra el COVID-19, debido a que uno de los participantes británicos habría tenido una “reacción adversa grave”.

Las revisiones de seguridad comenzaron cuando voluntarios desarrollaron síntomas neurológicos inexplicables, que incluyeron debilidad de las extremidades o cambios en la sensibilidad.

En principio, se pensó que uno de los voluntarios podría haber sufrido un desorden inflamatorio espinal llamado mielitis transversa.

Relación “poco probable”

Una vacuna contra el coronavirus
Getty Images/Digital Trends Graphics

El documento publicado por la Universidad de Oxford, que cita una revisión independiente, considera “poco probable” que la reacción esté ligada a la vacuna.

“Después de una revisión independiente, se consideró poco probable que estas enfermedades estuvieran asociadas con la vacuna o no hay pruebas suficientes para decir con certeza que las enfermedades estaban relacionadas con la vacuna”, señala el documento.

El informe, que se puede consultar en el sitio web de la candidata a vacuna, agrega que “en cada uno de estos casos, después de considerar la información, los revisores independientes recomendaron continuar con las vacunas”.

Denominada AZD7442, la fórmula desarrollada por AstraZeneca y Oxford es una mezcla de dos anticuerpos monoclonales (mAb).

Tras el informe, los ensayos se reanudaron en Gran Bretaña, Brasil y Sudáfrica, pero todavía no se retoman en Estados Unidos.

El objetivo de las pruebas iniciadas en agosto de 2020 es evaluar la “seguridad, tolerabilidad y farmacocinética” de la sustancia.

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