La exploración de Marte ya no es territorio exclusivo de Elon Musk. La NASA acaba de formalizar un contrato con Relativity Space, empresa aeroespacial adquirida el año pasado por el ex presidente ejecutivo de Google, Eric Schmidt, para desarrollar y lanzar una misión científica hacia el Planeta Rojo. Con esta decisión, la agencia espacial estadounidense sienta las bases para una nueva competencia que promete acelerar el ritmo de la conquista marciana.
La misión, denominada Aeolus, contempla el envío de cuatro instrumentos científicos especializados diseñados para estudiar la atmósfera de Marte. Relativity Space será responsable de la construcción de la nave espacial que transportará esos instrumentos, del desarrollo del cohete que la llevará al espacio y de dirigir la trayectoria hasta el Planeta Rojo. El lanzamiento está programado para el año 2028, lo que deja un margen de tiempo ajustado considerando la magnitud del proyecto.
El contexto en que surge esta noticia es particularmente llamativo. SpaceX y su fundador, Elon Musk, llevan años siendo los protagonistas indiscutidos del relato sobre la colonización marciana, con el programa Starship como punta de lanza. Sin embargo, la decisión de la NASA de apostar por Relativity Space introduce un nuevo actor en esa carrera y diversifica el ecosistema privado de exploración espacial, algo que la agencia ha promovido activamente como parte de su estrategia de colaboración con el sector privado.

Relativity Space llegó a este punto después de un camino accidentado. La compañía, fundada en 2015, apostó inicialmente por la impresión 3D para construir cohetes y alcanzó cierta notoriedad en el sector, aunque enfrentó dificultades técnicas y financieras antes de ser adquirida por Schmidt. Con el respaldo del ex ejecutivo de Google y ahora con un contrato de la NASA en la mano, la empresa tiene ante sí la oportunidad de escribir uno de los capítulos más importantes de la historia espacial privada.
Si Aeolus logra cumplir con su calendario de lanzamiento y llega exitosamente a Marte, se convertiría en la primera misión privada en aterrizar en el planeta. Un hito histórico que, de concretarse, cambiaría para siempre la percepción sobre quiénes pueden liderar la exploración del sistema solar.