Ya hemos descubierto más de 6.000 planetas fuera de nuestro vecindario inmediato. Sin embargo, encontrar una luna orbitando uno de esos mundos lejanos ha resultado considerablemente más difícil. Puede que los astrónomos por fin tengan algo parecido a lo real, pero este objeto en particular extiende la palabra «luna» casi hasta dejarla irreconocible.
Utilizando el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral en Chile, los investigadores detectaron una fuerte evidencia de un objeto similar a la luna en el sistema CD-35-2722. Aún son necesarias más observaciones para confirmar el descubrimiento, pero podría convertirse en el primer satélite natural detectado con confianza fuera de nuestro sistema solar. Sin embargo, todavía hay una pequeña complicación. Esta luna es aparentemente enorme.
Llamar a esto una luna se complica

El sistema ya es muy diferente al nuestro. CD-35 2722 es una estrella joven con aproximadamente la mitad de la masa del Sol. Orbitándolo está CD-35 2722 B, una enana marrón con aproximadamente 37 veces la masa de Júpiter. Las enanas marrones se sitúan en el territorio turbio entre los planetas más grandes y las estrellas más pequeñas. El objeto recién detectado entonces gira alrededor de esa enana marrón.
Los investigadores estiman una masa mínima de alrededor de 0,9 masas de Júpiter y un periodo orbital de aproximadamente 170 días. Su ubicación en esta jerarquía cósmica hace que «exosatélite» sea el término más seguro por ahora. Actualmente no existe una definición formalmente aceptada de exoluna, lo que hace que la clasificación sea especialmente incómoda cuando el propio huésped es una enana marrón.
Cómo los astrónomos utilizaron una técnica de búsqueda de planetas antiguos para descubrirlo

El equipo detectó el objeto utilizando mediciones de velocidad radial con el instrumento CRIRES+ en el VLT. El método detecta pequeños oscilaciones gravitatorias causadas por un cuerpo orbital invisible y ayudó a descubrir el primer exoplaneta alrededor de una estrella similar al Sol. Aquí, los investigadores aplicaron la técnica directamente a una enana marrón.
Los investigadores creen que mejorar los instrumentos debería permitirles aplicar la misma técnica a satélites más pequeños y a anfitriones menos masivos. El próximo Telescopio Extremadamente Grande de 39 metros de la ESO debería llevar esa búsqueda mucho más allá. Por ahora, el CD-35 2722 ha dado a los astrónomos un objeto lo suficientemente masivo como para parecerse a un planeta, orbitando algo atrapado entre el planeta y la estrella.