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Qué es el transhumanismo y por qué podría ser una distopía

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La promesa es espectacular. La ciencia pone en nuestras manos la posibilidad de la inmortalidad gracias al transhumanismo, un concepto que ha cobrado cada vez más popularidad en los últimos años, pero cuyos orígenes bien pueden rastrearse desde el siglo XVII con el Discurso del método, obra en la que René Descartes imaginó un tipo de medicina capaz de otorgar tanto la inmortalidad física como mentes más fuertes.

Una ilustración del transhumanismo
Imagen utilizada con permiso del titular de los derechos de autor

El transhumanismo es una corriente de pensamiento filosófico, cultural, político e incluso religioso o espiritual. En última instancia, el transhumanismo busca lograr la inmortalidad de la humanidad al aprovechar la tecnología y el mejoramiento humano, físico, intelectual, moral y emocional.

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El filósofo español Antonio Diéguez, catedrático de Lógica y Filosofía de la Universidad de Málaga y autor de Transhumanismo: la búsqueda tecnológica del mejoramiento humano, señala que existen dos vertientes fundamentales del transhumanismo. Una es la cibernética o informática, que busca usar a la inteligencia artificial y en última instancia la unión del ser humano con la máquina para mejorar a la raza humana en tantos aspectos como se pueda imaginar. La otra, señala el filósofo, es la vertiente biotecnológica, que aprovecha recursos como la ingeniería genética y la novedosa biología sintética para modificar los genes de nuestra especie para mejorarla, muy al estilo de la premisa del clásico de la ciencia ficción Gattaca (Andrew Niccol, 1997).

Diéguez señala que, aunque en los medios la vertiente cibernética es la que mayor atracción genera en los medios de comunicación, en parte porque la figura del cíborg ha sido ampliamente abordada por la cultura popular en películas como Terminator (James Cameron, 1984) y Robocop (Paul Verhoeven, 1987). “En mi opinión esta es la vertiente menos sólida desde el punto de vista científico”, sostiene el filósofo.

Del otro lado, la vertiente biotecnológica apunta a la modificación genética de la especie humana para mejorarla y, en última instancia, lograr el desarrollo de una especie poshumana, descendiente de la nuestra pero con cualidades deseables, como mucha mayor inteligencia, mayor fortaleza y, por sobre todo, mayor longevidad.

Es en esta categoría donde a la fecha se registran los avances más sobresalientes en el camino hacia el transhumanismo. A inicios de 2021, una tripleta de investigadores expertos en inteligencia artificial y medicina publicaron un artículo en Nature Aging en el que describen las bases de una disciplina que mezcla ambas ciencias con el objetivo de analizar los cambios en el cuerpo humano que provocan el envejecimiento para, en algún punto, lograr revertirlo y dar paso a la ansiada inmortalidad.

Y aunque por ahora la investigación permanece en laboratorios experimentales, los principales tecnólogos de Silicon Valley, dueños de algunas de las empresas más valiosas del mundo, ya cuentan con compañías dedicadas a la investigación en biotecnología encaminadas al transhumanismo. Es el caso de Calico, de los fundadores de Google Larry Page y Sergey Brin, y Neuralink, del dueño de Tesla y SpaceX Elon Musk.

La distopía del transhumanismo

Antonio Diéguez no titubea al señalar que el transhumanismo o el camino hacia él generarán más exclusión social. En una entrevista publicada por el portal Ethic reconoce que los altos costos de las mejoras tecnológicas o genéticas que supone el transhumanismo harán que solo puedan acceder a ellas los más ricos. “Lo terrible es que las personas excluidas quedarán entonces separadas de los privilegiados no solo por sus condiciones económicas, sino por sus genes. Los ricos serán genéticamente diferentes de los pobres”, dispara el filósofo.

Su vaticinio ya ha sido explorado en obras cumbre de la ciencia ficción, como en el caso de Un mundo feliz (Huxley, 1932), en la que la sociedad era dividida en castas con labores bien definidas, o la misma Gattaca, que versa sobre la lucha de un sujeto genéticamente incapacitado para convertirse en astronauta.

Que algunos de los hombres más ricos del mundo ya inviertan en tecnología transhumana no pinta un buen augurio.

Allan Vélez
Allan Vélez es un periodista mexicano especializado en tecnología. Inició su carrera en 2013 en La Revista Oficial de…
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