Nuestra galaxia natal tiene un secreto enterrado dentro. Un nuevo estudio publicado en los Monthly Notices of the Royal Astronomical Society sugiere que la Vía Láctea tragó una antigua galaxia enana hace miles de millones de años, y sus restos estelares aún están incrustados en la nuestra.
Los investigadores han llamado a esta galaxia perdida Loki, en honor al dios embaucador nórdico, y el nombre es muy apropiado porque permaneció oculta a plena vista durante mucho tiempo.
¿Cómo encontraron los astrónomos a Loki?

El descubrimiento se debió a la química de las estrellas. Las primeras estrellas que se formaron tras el Big Bang estaban hechas casi en su totalidad de hidrógeno y helio.
A lo largo de miles de millones de años, generaciones posteriores de estrellas fusionaron esos elementos en otros más pesados. Por tanto, las estrellas con muy pocos de esos elementos más pesados se consideran antiguas, y los astrónomos las llaman pobres en metales.
Los investigadores estudiaron a un grupo de 20 estrellas pobres en metales que se encuentran dentro del disco galáctico de la Vía Láctea, que es la región plana y giratoria donde viven la mayoría de las estrellas de nuestra galaxia. Eso era lo que los hacía destacar. Las estrellas pobres en metales suelen aparecer en el halo exterior de la galaxia, no en el disco. Su presencia sugiere que procedían de otro lugar completamente distinto.
La evidencia química lo respaldaba. El equipo encontró rastros químicos de supernovas y fusiones de estrellas de neutrones, pero no hay evidencia de explosiones de enanas blancas. Las enanas blancas tardan miles de millones de años en formarse, así que su ausencia sugiere que Loki se quemó mucho antes de que pudiera producirlas.
Las órbitas de las estrellas de Loki revelan un secreto sobre el pasado de nuestra galaxia
Aquí es donde se pone más extraño. De las 20 estrellas, 11 viajan en la misma dirección que la Vía Láctea y nueve en dirección opuesta. Esto sugiere una fusión extremadamente temprana, cuando las órbitas de nuestra galaxia aún eran caóticas e inestables. Los investigadores creen que las 20 estrellas provienen de un solo sistema, no de dos.
De hecho, Loki no es la única galaxia que consumió la Vía Láctea. Un estudio separado de 2020 identificó una galaxia antigua llamada Kraken que se fusionó con nuestra galaxia hace unos 11.000 millones de años. Resulta que la Vía Láctea siempre ha tenido un gran apetito.