Fue una mañana de tensión extrema a 400 kilómetros sobre la superficie terrestre. La NASA ordenó a los cuatro astronautas de la misión Crew-12 que se encontraban a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI) que se pusieran sus trajes espaciales, ingresaran a la nave Crew Dragon acoplada a la estación y se mantuvieran en posición de evacuación de emergencia. La causa: una fuga de aire que se había agravado de forma considerable en el segmento ruso del laboratorio orbital.
La instrucción llegó desde el centro de control en tierra a las 9:04 de la mañana (hora de la costa este de Estados Unidos) de este viernes 5 de junio. La tripulación, compuesta por el cosmonauta ruso Andrey Fedyaev, los astronautas de la NASA Jack Hathaway y Jessica Meir, y la astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA) Sophie Adenot, acató de inmediato el protocolo.
La fuga tiene su origen en el módulo de servicio ruso Zvezda, específicamente en su túnel de transferencia conocido como PrK, una sección que arrastra problemas estructurales desde 2019. Durante meses, la pérdida de aire había permanecido en niveles manejables —alrededor de medio kilogramo por día—, pero ese lunes la cifra se duplicó hasta alcanzar un kilogramo diario, lo que encendió todas las alarmas.
Roscosmos, la agencia espacial rusa, inició una intervención de reparación más amplia ese mismo día, lo que motivó a la NASA a implementar las máximas medidas de precaución con su tripulación. Sin embargo, horas más tarde, la situación evolucionó favorablemente: la NASA revirtió la alerta de evacuación al comprobar que los trabajos de contención avanzaban según lo previsto y que el riesgo inmediato para la tripulación había disminuido.
El problema de fondo no es nuevo. Desde 2019, la NASA y Roscosmos llevan rastreando más de 50 puntos de preocupación en el módulo Zvezda. Los ingenieros de ambas agencias han aplicado selladores y parches en diversas ocasiones, con éxito parcial y temporal. A principios de 2026, los equipos creían haber estabilizado la situación, pero la reaparición de la fuga en mayo evidenció que el problema estructural persiste.
Este episodio vuelve a poner sobre la mesa la discusión sobre el futuro de la EEI, una infraestructura que opera desde el año 2000 y que enfrenta un desgaste inevitable. La estación tiene prevista su desorbita controlada para 2030, y SpaceX ya fue contratada para desarrollar el vehículo encargado de llevarla a una caída segura sobre el océano.
Por ahora, los astronautas continúan sus actividades con normalidad, aunque la vigilancia sobre el módulo Zvezda seguirá siendo estrecha durante las próximas semanas.