Michelangelo, el virus que aterró a millones en 1992

“No podíamos creerlo, no habíamos visto nunca esta clase de virus”, dijo a la agencia Reuters un especialista informático afectado por el virus Michelangelo. Era 1992 y los virus para computadoras apenas comenzaban a ser tomados en serio como una amenaza a la seguridad informática, pero los estragos que causó el virus Michelangelo, descubierto por expertos en ciberseguridad un año atrás, no tenían igual.

El virus Michelangelo inutilizaba computadoras si se encendían el 6 de marzo, el día que nació el genio renacentista

El virus tomó su nombre del célebre genio renacentista porque inutilizaba una computadora si se prendía el 6 de marzo, el día en que nació el autor de La Piedad. Al encenderse, el virus reemplazaba con instrucciones basura la unidad de arranque del sistema MS DOS, tanto del disco duro como de la unidad lectora de disquetes, por lo que prácticamente era imposible recuperar la información del sistema.

Qué pasó realmente con el virus Michalengelo

Las empresas especialistas en seguridad informática Eset y Panda Security estiman que Michelangelo infectó a unos 5 millones de computadoras en todo el mundo, un hito considerando la cantidad de ordenadores de aquella época y que internet apenas comenzaba a despuntar de manera global.

Sin embargo, que internet fuera en 1992 una tecnología novedosa no evitó que Michelangelo se propagara con rapidez. Los expertos señalaron que lo más probable es que el virus se expandiera rápido debido a que infectaba cualquier disquete que ingresara a la computadora, lo que provocaba que su propagación fuera algo parecido a la distribución de virus mediante memorias USB contaminadas, algo común una década más tarde. Igual, los expertos trazaron el origen del virus al norte de Europa (posiblemente en algún lugar de Escandinavia), aunque fue detectado  en Australia por primera vez.

Pese al pánico que desató Michelangelo –una empresa en Japón reportó pérdida de información valuada en miles de dólares–, escapar del virus era relativamente fácil. Solo se debía evitar que el ordenador se encendiera el 6 de marzo. Lograrlo parecía obvio, pero también se podía al alterar el reloj interno de la computadora y saltar la fecha. Meses después, las principales compañías de software antivirus incluyeron en sus productos parches de seguridad contra el temido malware.

Así empezaba una guerra desatada por ofrecer, además, la mayor seguridad para la naciente nueva era digital.

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