El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, rompió el silencio y apuntó directamente a Elon Musk como responsable de daños reales a la organización durante los años en que ambos compartieron el proyecto. Altman afirmó que los «juegos mentales» del empresario generaron un clima de inestabilidad interna que afectó el desarrollo y la cohesión del equipo fundador de la compañía.
La relación entre Musk y Altman, que comenzó como una alianza para construir una inteligencia artificial «sin ánimo de lucro» orientada al beneficio de la humanidad, derivó en una de las disputas más mediáticas del mundo tecnológico. Musk, quien abandonó el directorio de OpenAI en 2018, interpuso una demanda contra la empresa y contra Altman personalmente, argumentando que ambos habían traicionado la misión original de la organización al convertirla en una entidad comercial vinculada a Microsoft.
Altman respondió a estas acusaciones con dureza, señalando que Musk utilizó su posición dentro de OpenAI para ejercer presión psicológica sobre el equipo, creando un ambiente de incertidumbre y desconfianza. Según el CEO, estas tácticas no solo retrasaron decisiones estratégicas clave, sino que también dificultaron la retención de talento en momentos cruciales para el crecimiento de la compañía.
«Para un laboratorio de investigación donde la gente necesita, digamos, seguridad psicológica y largos periodos de tiempo para llevar a cabo una idea, esta idea de que tienes que mostrar constantemente tus resultados, y si no son lo suficientemente buenos en poco tiempo, te van a despedir. Eso realmente no funcionó para el tipo de investigación que llegamos a hacer con éxito.»
El caso llega ahora a los tribunales, donde un juez deberá evaluar las acusaciones formales de Musk, quien sostiene que fue estafado de millones de dólares y que la misión original de OpenAI fue deliberadamente desviada. El juicio promete convertirse en uno de los litigios más relevantes de la industria de la inteligencia artificial, con implicaciones no solo legales, sino también éticas sobre cómo deben gobernarse las empresas que trabajan en el desarrollo de IA avanzada.
Mientras tanto, OpenAI continúa su expansión y ha alcanzado una valoración que supera los 300.000 millones de dólares, lo que contrasta radicalmente con el modelo sin fines de lucro que Musk dice haber defendido desde los inicios.