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Los autos eléctricos son más aptos para el frío de lo que dicen

La rapidez con la que las comunicaciones en línea permiten el intercambio de información ha traído muchos beneficios a la humanidad. Sin embargo, también hemos tenido que convivir con una cantidad significativa de desinformación, una de las consecuencias más nocivas de la era digital.

La eficacia de las vacunas contra el coronavirus y el conteo de votos en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, en 2020, han sido dos de los temas más afectados por los propagadores de la desinformación en los últimos años, y ahora la conveniencia de poseer un automóvil eléctrico y su buen funcionamiento se ha sumado con fuerza a la lista de víctimas de las noticias falsas o fake news.

Un artículo de opinión publicado el 4 de enero en The Washington Post por el columnista conservador Charles Lane titulado “Imagine el desastre del tráfico helado de Virginia, pero solo con vehículos eléctricos”, en referencia a un monumental atasco de 48 millas y 16 horas ocurrido el día anterior en la interestatal 95 en el estado de Virginia, concluye que los vehículos eléctricos no son aptos para enfrentar este tipo de situaciones.

La premisa del artículo es la de que los autos eléctricos, cuyas baterías pierden capacidad en el frío intenso (lo cual es cierto), son menos aptos que los vehículos con motor de combustión interna para enfrentar este tipo de eventos. El artículo dice que si usan la calefacción mientras están detenidos, los autos eléctricos pueden ver sus baterías completamente descargadas muchos antes que los vehículos regulares agotan su reserva de gasolina. 

El 29 de enero, el experto en automóviles eléctricos John Voelcker escribió un interesante artículo en la revista Car and Driver donde señala con hechos la falta de precisión de las conclusiones de la nota de Lane.

Datos

Con datos del Departamento de Energía de Estados Unidos o USDOE por sus siglas en inglés, y un reporte de verificación factual de Reuters, Car and Driver muestra que la duración de la carga de una batería de un vehículo eléctrico parado con la calefacción encendida y la duración del tanque de gasolina de un auto regular con el motor marchando en mínimo o ralentí, también con la calefacción prendida, son similares. 

Según el USDOE, el consumo promedio de combustible al ralentí en vehículos de gasolina y diésel de motores pequeños —de cerca de 2.0 litros de desplazamiento— es de casi 0.2 galones por hora, mientras que un motor V8 consume el combustible el doble de rápido en circunstancias similares. Car and Driver concluye que un automóvil de gasolina con un tanque de combustible de 14 galones que comenzó con dos tercios de su capacidad, o 10.5 galones, tendrá cerca 35 horas de tiempo de inactividad si consume 0.3 galones por hora, el promedio entre los dos consumos establecidos por el USDOE. Estos números son confirmados por las pruebas de Car and Driver.

Por su parte, el artículo de Reuters, cuyo propósito es verificar la veracidad de la afirmación que dice que “es más probable que un vehículo eléctrico se atasque en el tráfico debido a una batería agotada”, cita un estudio llevado a cabo por Katherine Collett, investigadora de la Universidad de Oxford, que establece un estimado de 2 kW por hora para la calefacción de la cabina. Craig Van Batenberg llega a una conclusión similar en trabajos hechos para la asociación mundial de ingeniería SAE International, mientras que las propias pruebas de Car and Driver mostraron un uso aún menor de 1.6 kW en el Tesla Model 3 de 2019 “para mantener 65 grados F [18.33 Celsius] en el interior con una temperatura exterior promedio de 15 grados F [-9.4 Celsius]” .

Car and Driver supone una batería de 75.0 kWh que también está llena en dos tercios al igual que el tanque en el supuesto del automóvil de gasolina. En este caso, los 50.0 kWh calentarán la cabina por 31.25 horas a 1.6 kW, lo que casi coincide con el automóvil con motor de combustión interna. En ambos casos la duración de la energía almacenada supera cómodamente la duración del atasco.

La familia en un Tesla

El artículo de The Washington Post toma como punto central un tweet de un camionero canadiense identificado como My World Through A WIndshield, o Mi Mundo A Través del Parabrisas, publicado durante el atasco en Virginia que dice: “Alguien llamó a mi puerta hace unos momentos. Conduce un Tesla y le preocupa quedarse sin energía con el frío. Son 19°F o -7°C. Es un buen tipo que estaba preocupado por sus hijos. Le di un poco de agua, una manta de repuesto y una manta térmica/mylar.” Sin embargo, el artículo no hace seguimiento de la suerte de la familia atascada en el Tesla.

Solo tenía que preguntar. Car and Driver indica que dos días después de la publicación del artículo en The Washington Post, My World Through A WIndshield dijo en Twitter, en respuesta a la pregunta de un lector, que los ocupantes del Tesla: “Habían duraron la noche. Dijo que 18 por ciento [de carga] más o menos en la mañana. De camino a la estación de carga en el área de Richmond”. 

Car and Driver señala también que Dan Kanninen, el conductor de un Tesla quien también quedó atrapado en el mismo embotellamiento masivo, dijo en el foro en línea de la Asociación de Transporte de Emisiones Cero (ZETA): “Estoy agradecido de estar conduciendo mi EV cuando me quedé atascado en la I-95”. Kanninen, cuyo auto es un Model 3 básico —la versión de menor autonomía del modelo—, comentó que se había mantenido caliente y pudo ver videos en la pantalla de 15 pulgadas del automóvil. Después de 14 horas, le restaban 50 millas de autonomía.

Es imposible negar que a los vehículos eléctricos aún les falta avances en su desarrollo para igualar completamente la experiencia que proporcionan los autos con motores de combustión interna, pero no es verdad que pongan a sus dueños en desventaja en un monumental atasco de tráfico invernal. Algo que el columnista de The Washington Post dice que por haber ocurrido a principios de enero y también una vez 11 años atrás, “baja de las nubes al impulso del gobierno y las empresas para electrificar automóviles y camiones”, demostrando que lamentable pero inexorablemente la desinformación siempre tiene un trasfondo político.

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