Revisión del videojuego FAR: Lone Sails en PlayStation 4

FAR: Lone Sails nos presenta un mundo post apocalíptico bastante particular

FAR: Lone Sails brinda una mirada post apocalíptica que se destaca del resto.

Lo bueno

    Ambiente distinto a lo que solemos ver
    Mecánicas interesantes
    Historia se destacada por sí sola

Lo malo

    El manejo de recurso hace que no se trate de una experiencia relajante

Puntaje

8/10

He hablado numerosas veces de cómo varios videojuegos independientes se esfuerzan en crear experiencias memorables sin decir una sola palabra. FAR: Lone Sails de Okomotive, en ese sentido, invoca un sentimiento familiar. El videojuego acaba de llegar a la Xbox One y PS4, y resulta aún más acotado de lo que estamos acostumbrados en ese aspecto.

Se trata de solamente un vehículo y un camino hacia adelante para recorrer, y nada más, al menos a simple vista. Todo lo que vaya apareciendo y sucediendo se irá dando a través de la historia. Nosotros como jugadores tendremos que encargarnos de ponerlo en marcha, manipulando distintas partes en su interior y haciendo todo lo posible para aguantar en el mejor estado.

Las condiciones climáticas, series de obstáculos y algunos momentos que nos toman por sorpresa serán, en este caso, las complicaciones en este viaje.

Pero el vehículo no se encuentra solo, por decirlo de alguna forma. Hay un pequeño personaje en su interior conduciéndolo, del cual tomaremos el control cuando surjan dichas situaciones para movernos adentro o salir a explorar en busca de recursos. No sólo tendremos que frenar para analizar la situación, sino reaccionar de distintas formas dependiendo del problema.

Desde apagar incendios debido a un rayo que nos tomó desprevenidos, hasta levantar las alas cuando haya el suficiente viento. Este personaje subirá y bajará por escaleras numerosas veces, pero es parte del encanto y la dificultad de FAR: Lone Sails. Nuevamente, todo se trata de continuar hacia adelante y hacer lo posible para sobrevivir.

Todo se trata de continuar hacia adelante y hacer lo posible para sobrevivir.

No hay un tutorial propiamente dicho, pero tampoco es necesario. Una vez que entramos al vehículo comenzamos a notar las diferentes áreas en su interior: un motor al que hay que alimentar con objetos, quemándolos para producir energía, la misma reflejada en el centro como si se tratara de una pecera. Botones que tendremos que empujar físicamente para accionar, tal como acelerar o frenar por completo. Y luego pequeños ganchos en los que podemos colocar lo que vayamos encontrando en el camino.

Ya sea un pequeño recuerdo que queremos guardar, como una campana, o simplemente nuestro stock de suministros que tomamos del camino para seguir brindando energía al motor. Se siente como un lugar seguro más que solo una pieza de carrocería. Y tiene sentido, porque también se trata de un hogar para el personaje principal. La habitación en la esquina superior derecha es reflejo de esto, portando una lámpara y una cama para las largas noches. Es fácil de notar cómo se crea un vínculo entre los dos protagonistas, y es justamente lo que los mantendrá unidos en los peores momentos.

Recorriendo una sociedad que tal vez nunca vuelva a ponerse de pie

¿Qué es lo que hace tan interesante este mundo? La premisa en este título es que nuevamente caemos al cliché de poner los pies en un universo postapocalíptico, recorriendo una sociedad en declive en busca de fragmentos de historia que hayan sido dejados por las personas que solían vivir allí. Pero los enemigos son solamente los que mencionamos, hechos naturales o cosas que van pasando en la carretera.

El juego abarca su punto fuerte mediante todo lo que se va evocando, y eso fue de lo más interesante que encontré en las aproximadamente tres horas que dura esta experiencia. Es un viaje solitario, recorriendo una sociedad que tal vez nunca vuelva a ponerse de pie como solía estarlo. Pero todavía hay restos de civilización que vale la pena recordar y atesorar. En los numerosos escenarios uno puede encontrarse con edificios o casas destruidas, meterse en el interior de estructuras que apenas se mantienen de pie, o sorprenderse con lo que uno puede encontrar en ellas casi intacto.

Un molino puede seguir funcionando, y hasta sirve de refugio durante unos minutos. Pero hay que continuar.

FAR: Lone Sails es un viaje lento que se disfruta tal como se presenta: de a poco y con gran atención al detalle, dejándose llevar por la música envolvente y la soledad que evoca esta búsqueda por parte del personaje principal para encontrar a su pueblo. O lo que quede de ello.

Tal vez en un momento el vehículo esté atrapado por una tormenta, mientras que en otro podemos ver una lluvia de cenizas que se acerca cada vez más hacia nosotros, nublando nuestra vista y poniendo en peligro nuestra misión. A lo lejos se puede ver un barco carguero estático en el agua, hecho pedazos. Un molino puede seguir funcionando, y hasta sirve de refugio durante unos minutos. Pero hay que continuar.

Cuando las cosas inevitablemente se complican, es cuestión de repasar los primeros pasos dentro del vehículo y hacer uso de las herramientas disponibles. Si nos encontramos en el piso de abajo, podemos saltar para golpear con un botón arriba en el ascensor, lo que nos lleva hacia donde se encuentra una manguera perfecta para apagar incendios.

Mientras que al principio puede ser muy tedioso tener que estar a cargo de la energía del vehículo, debido a que la misma se acaba en cuestión de segundos, al poco tiempo de iniciada la historia encontraremos una mejora que nos permitirá usar velas. Así, cuando el banderín que se encuentra en la punta del vehículo comienza a ondear indicando que hay viento, podemos subir y accionar el botón para activarlas.

Todas estas áreas pueden llegar a dañarse con el tiempo, pero también obtendremos una herramienta para soldar y arreglarlas. ¿Recuerdas lo que decía que se trata de un camino? Todo lo que puede ser tedioso tiene una solución que a veces tarda un poco más de lo necesario, pero llega para salvar el día. Y, por fortuna, también llega para quedarse.

Un vínculo hasta el final

FAR: Lone Sails nos invita a tomarnos las cosas con calma, incluso cuando por detrás está esperando al momento indicado para complicar nuestro viaje con alguna tormenta eléctrica o una torre destruida que obstruye nuestro paso por un puente. Aunque es tedioso al principio, manejar al pequeño personaje por el interior del lugar es satisfactorio, cuidando ese vínculo que mencionamos hasta el final. Se trata de una historia muy personal, y se busca generar lo mismo por parte del jugador.

Es una de las tantas historias allí afuera que no necesitan palabras para dar con el resultado esperado, pero hay algo más. Al enlazar tanto a estos personajes entre sí, se forma una relación tan íntima como podría ser estar realizando este viaje con un hermano o una mascota. Nos preocupamos cuando algo no funciona bien, la utilizamos de refugio cuando las cosas se ponen pesadas en el exterior o nos alegramos juntos después de cada desafío superado. Pero en FAR: Lone Sails, siempre seguimos marchando.

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