Adam Mosseri, director de Instagram, quedó en el centro de la polémica tras declarar ante un tribunal de Los Ángeles que pasar 16 horas en la red social en un solo día no equivale necesariamente a una “adicción” en sentido clínico. Sus palabras forman parte de un juicio de alto perfil en Estados Unidos, en el que Meta, TikTok y YouTube enfrentan demandas por supuestamente diseñar algoritmos adictivos que dañan la salud mental de menores.
Durante el interrogatorio, Mosseri reconoció que un uso tan extremo puede ser “problemático”, pero insistió en distinguir entre consumo excesivo y adicción médica, comparándolo con decir que alguien está “adicto” a una serie de Netflix tras verla de corrido una noche. El ejecutivo admitió, además, que él no es especialista en salud mental ni en trastornos de adicción, lo que ha alimentado críticas de quienes consideran que está minimizando el riesgo real del uso compulsivo de redes sociales.
«Seguro que he dicho que me he enganchado a una serie de Netflix cuando la vi de un tirón muy tarde una noche, pero no creo que sea lo mismo que una adicción clínica», dijo Adam Mosseri
El caso se centra en una joven identificada como K.G.M., que habría pasado hasta 16 horas en Instagram en un solo día y presentado más de 300 reportes por acoso en la plataforma. Los demandantes sostienen que las dinámicas de diseño de la app —incluyendo recomendaciones algorítmicas y herramientas de interacción— contribuyeron a agravar su ansiedad, depresión y pensamientos suicidas. La defensa de Meta, en cambio, argumenta que los problemas de la joven responden a múltiples factores externos y que la responsabilidad de la empresa es limitada.
En el juicio también han salido a la luz decisiones polémicas sobre filtros y efectos visuales. Mosseri explicó que Instagram intentó inicialmente prohibir los filtros que alteran de forma drástica las facciones, como los que simulan cirugías plásticas, debido a sus posibles efectos en la autoimagen de los adolescentes. No obstante, posteriormente la compañía flexibilizó parte de esa postura, permitiendo ciertos filtros pero reduciendo su promoción.
La discusión se da en un contexto internacional marcado por propuestas de regulación más estricta: desde límites de edad y verificaciones de identidad hasta restricciones a las notificaciones y al tiempo de uso. Para los críticos, el testimonio de Mosseri demuestra la resistencia de las grandes plataformas a reconocer un vínculo directo entre su modelo de negocio —basado en maximizar la atención— y el deterioro de la salud mental juvenil. Para Meta, en cambio, el foco debería estar en distinguir con rigor entre hábitos intensivos, pero voluntarios, y los criterios clínicos de adicción