Pasaportes COVID-19: cómo funcionan y cuáles son sus riesgos

Israel es considerado un ejemplo mundial en la vacunación contra el COVID-19. Dos meses después de haber iniciado el proceso, más del 50 por ciento de sus nueve millones de habitantes ha recibido al menos una dosis de alguno de los antídotos.

Transformado en un modelo a seguir para un mundo pospandemia, las acciones de las autoridades israelíes son seguidas con atención por países como Estados Unidos, el Reino Unido y los que integran la Unión Europea.

Una de ellas ha sido el Pase Verde (Green Pass), también denominado pasaporte COVID-19, un documento digital que identifica a las personas que ya recibieron todas las dosis de algunas de las vacunas disponibles.

Recuperar libertades

Pasaporte COVID-19
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El pasaporte COVID-19 israelí, básicamente una app de teléfono inteligente, ha permitido a los israelíes recuperar ciertas libertades perdidas durante la pandemia. De esta forma, pueden acceder sin restricciones a gimnasios, hoteles, piscinas, conciertos y centros religiosos.

Para el resto de los habitantes, incluyendo menores de 16 años que no son candidatos para las vacunas, las actividades permanecerán prohibidas, con algunas excepciones en caso de tener un PCR negativo.

¿Qué pasa con los viajes? Israel tiene planes para que el documento permita que las personas vacunadas puedan viajar al extranjero, sin necesidad de realizar cuarentena al regreso. Sin embargo, el proceso recién será probado en el segundo trimestre de 2021 con Grecia y Chipre.

Estandarizar normas

En teoría, un pasaporte COVID otorga a las aerolíneas, gobiernos, laboratorios, viajeros y otras partes relevantes acceso a una base de datos compartida.

Por lo mismo, concordar estándares, similares a los que se usan con los pasaportes de ciudadanía, es uno de los principales desafíos que enfrenta esta tecnología.

Estados Unidos y la Unión Europea han iniciado conversaciones para delimitar las características de estos documentos, aunque en paralelo hay algunas experiencias avanzadas.

  • IBM Digital Health Pass: IBM desarrolló una credencial que permite a una organización enviar una credencial verificable a una persona, que la carga en su teléfono para compartirla con otra entidad que necesite confirmar sus datos.
  • CommonPass: esta aplicación, desarrollada por la fundación suiza The Common Projects y el Foro Económico Mundial, se describe como una “plataforma confiable e interoperable” para que las personas registren sus pruebas PCR y vacunas contra el COVID-19.
  • IATA Travel Pass: desarrollada por la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), es una aplicación dirigida a las aerolíneas principales. Permitirá compartir estado de vacunación y los resultados de la prueba COVID-19 con las aerolíneas y las autoridades fronterizas, a través de una aplicación de pasaporte sin contacto.
  • AOKpass: desarrollada por la Cámara de Comercio Internacional (ICC), es descrita como “una solución escalable que permite a los gobiernos y a las autoridades fronterizas reabrir los viajes transfronterizos de manera segura y eficiente”.

Los problemas éticos y sanitarios

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Los privilegios de vacunación ya se han considerado en varios países. Sin embargo, esta idea ha provocado ciertas interrogantes.

Sin negar sus beneficios en materia de gestión, la Universidad de Exeter advirtió que un pasaporte podría traducirse en violaciones de la protección de datos y permitir que los países determinen las libertades de las personas en función de los antecedentes médicos.

Con un proceso de vacunación desigual entre los países, estos documentos también permitirían que los ciudadanos de las naciones más ricas fueran los primeros en disfrutar de los beneficios.

Además, muchos consideran demasiado prematuro hablar de un pasaporte o aplicación de vacunas cuando aún no está claro el periodo de inmunidad que estas brindan.

“Todavía hay demasiadas incógnitas fundamentales en términos de la efectividad de las vacunas para reducir la transmisión [de virus] y las vacunas todavía están disponibles solo en cantidades limitadas”, advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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