SpaceX ha confirmado la pérdida total del satélite Starlink 34343 tras una “anomalía en órbita” ocurrida el 29 de marzo, que derivó en un evento de fragmentación a unos 560 kilómetros de altitud. La compañía comunicó la incidencia en redes sociales y aseguró que, según su análisis, los restos no suponen un nuevo riesgo para la Estación Espacial Internacional ni para próximas misiones tripuladas como Artemis II.
Poco después del fallo, la empresa de seguimiento orbital LeoLabs detectó “decenas de objetos” en las inmediaciones de la trayectoria del satélite, un patrón típico de lo que denomina “fragment creation event”. Sus datos apuntan a que la destrucción del aparato se debió, con alta probabilidad, a una fuente energética interna —como un fallo en baterías o sistemas de propulsión— y no a una colisión con basura espacial u otro satélite. Aunque el número exacto de fragmentos aún se está refinando, los analistas prevén que la mayoría reentrará en la atmósfera y se desintegrará en cuestión de semanas debido a la relativa baja altitud de la órbita.
No es un caso aislado: en diciembre de 2025 otro satélite Starlink sufrió un incidente muy similar, también catalogado como evento de fragmentación y probablemente asociado a un problema interno. Estos episodios reavivan el debate sobre la gestión del tráfico en órbita baja, una región donde se concentran ya decenas de miles de objetos rastreados —entre satélites activos, carcasas de cohetes y basura espacial— y donde la constelación de Starlink representa una fracción significativa del total.
SpaceX insiste en que sus satélites están diseñados para desintegrarse por completo al reentrar y que aplica maniobras de evasión de forma rutinaria para minimizar riesgos de colisión. Sin embargo, cada nuevo evento de fragmentación introduce incertidumbre adicional en los modelos de predicción y obliga a otros operadores a ajustar sus órbitas de forma preventiva. La compañía ha señalado que está investigando la causa raíz del fallo y promete aplicar “acciones correctivas rápidas” una vez concluido el análisis, en un momento en que el futuro de Starlink se juega tanto en el terreno comercial como en el regulatorio.