Dos investigadores proponen la construcción de una instalación de biocontención en la superficie lunar antes de que las misiones espaciales comiencen a devolver muestras de otros mundos a la Tierra. La iniciativa fue publicada en mayo de 2026 en la revista científica Ambio y es impulsada por Frederick Moxley, microbiólogo y ex asesor del Pentágono, junto a Anthony Ricciardi, especialista en especies invasoras de la Universidad McGill en Montreal, Canadá.
El argumento central de ambos científicos es que ninguna instalación terrestre existente —ni siquiera las que operan en el nivel BSL-4, el más alto de la escala de riesgo biológico definida por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC)— puede garantizar la seguridad ante una forma de vida extraterrestre desconocida. Por ello, proponen crear una nueva categoría denominada BSL-X, diseñada específicamente para organismos extremófilos de origen extraterrestre.
La instalación lunár sería completamente automatizada: los especímenes serían procesados, manipulados y esterilizados por robots, sin intervención humana directa. Solo tras confirmar la inactividad microbiana total se permitiría transferir cualquier material hacia la Tierra. La propuesta busca, en palabras de Moxley, actuar como «un cortafuegos entre la Tierra y cualquier organismo potencialmente peligroso».
El precedente que citan los autores no es menor: en 2018, investigadores documentaron que la bacteria Enterobacter bugandensis, capaz de causar sepsis en recién nacidos, mutó en múltiples cepas resistentes a antibióticos a bordo de la Estación Espacial Internacional. El estudio, publicado en BMC Microbiology, concluyó que la microgravedad facilita la adquisición de material genético externo en las bacterias, acelerando su evolución hacia formas más peligrosas.
Ricciardi, quien lleva décadas estudiando las devastadoras consecuencias de la introducción de especies invasoras en ecosistemas nuevos, advierte que la misma lógica aplica para el ámbito biológico extraterrestre. «Décadas de investigación sobre especies invasoras han demostrado cómo un organismo introducido en el lugar equivocado puede propagarse sin control», señaló. La preocupación por la contaminación biológica interplanetaria, por cierto, antecede a la propia fundación de la NASA; fue uno de los factores que motivó los 21 días de cuarentena a los que fue sometida la tripulación del Apolo 11 tras su regreso de la Luna en 1969.