La misión Artemis II entregó una escena inesperada que puso en alerta y, al mismo tiempo, entusiasmó a científicos de NASA: durante el vuelo alrededor de la Luna, los astronautas observaron varios destellos provocados por micrometeoritos impactando la superficie lunar. El avistamiento ocurrió mientras la nave Orion cruzaba la cara oculta del satélite natural, en un momento en que el Sol quedaba oculto detrás de la Tierra desde la perspectiva de la tripulación.
Lejos de tratarse de una curiosidad menor, la observación tiene valor científico. Los destellos de impacto permiten estudiar la frecuencia con que pequeñas partículas golpean la Luna y ayudan a dimensionar mejor los riesgos para futuras misiones tripuladas. En la sala de control de Houston, la reacción fue de sorpresa y alegría, con “gritos de entusiasmo” cuando se confirmó que los flashes observados no eran reflejos de luz ni residuos de propulsión.
Hubo «gritos audibles de alegría» en el Control de Misión en Houston, como recordó Kelsey Young, responsable de ciencia de la misión, durante una rueda de prensa el martes.
«Hubo un poco de emoción», dijo a Houston el astronauta y comandante de la NASA Reid Wiseman durante el periodo de observación. «Hemos visto tres destellos de impacto hasta ahora. Vi dos, y [el especialista de misión Jeremy Hansen] ha visto uno.»
«Sin duda destellos de impacto rápidos», dijo, añadiendo que «no fue el sol reflejado en una partícula de los propulsores ni de los tanques de quemaduras.»
«Y Jeremy acaba de ver otro», añadió Wiseman.
De acuerdo con los reportes, la tripulación logró identificar al menos cinco o seis impactos durante ese tramo de la misión, algo que no se esperaba en una observación tan breve. El hecho no solo refuerza el valor científico del vuelo, sino que también confirma que la superficie lunar está expuesta de forma constante a micrometeoritos, sin la protección de una atmósfera como la terrestre.
Ese detalle es clave para el programa Artemis. Si la NASA quiere establecer una presencia sostenida en la Luna, necesitará estructuras capaces de soportar no solo radiación y cambios térmicos extremos, sino también el bombardeo de partículas minúsculas que viajan a velocidades enormes. Estudios previos ya advertían que un hábitat lunar podría recibir miles de impactos al año, por lo que la ubicación y el diseño de futuros refugios serán decisivos.