Probamos un Lyft-Aptiv sin conductor en el CES 2018 y ésta es nuestra opinión

Con el CES 2018 ya rodando, nos preparamos para la avalancha de demostraciones de vehículos autónomos, pero… ¿Qué mejor que vivir una demostración “en carne propia”? Nada de vídeos ni presentaciones que siempre prometen de todo, pero nunca demuestran nada. Queríamos subirnos por fin a un vehículo autónomo como tal, y dar un paseo en él, de verdad.

Como se informó, la compañía de viajes compartidos Lyft, junto con la compañía de tecnología automotriz Aptiv, se habían asociado para ofrecer viajes sin conductor a 20 lugares diferentes en Las Vegas durante el CES 2018. Y nosotros, por supuesto, no podíamos dejar pasar la ocasión.

La demostración se realizó en uno de los estacionamientos del Centro de Convenciones de Las Vegas. A partir de ahí, caminamos por una “galería de garaje” que, básicamente, era una instalación de arte que representaba algunos puntos claves que Lyft deseaba dar a conocer: “Ride sharing good“, y bla bla bla… Se trataba esencialmente de cuatro pantallas que nos informaban cómo las plazas de estacionamiento podrían utilizarse mejor; de los costos de los componentes de un automóvil; del poco tiempo que pasamos al día en un automóvil, etc.

A partir de ese momento, podíamos llamar a un Lyft como lo haría normalmente cualquier persona desde su teléfono inteligente. La experiencia es la misma, sólo que cuando uno elige alguno de los 20 lugares designados en la ciudad, surge la opción adicional de pedir un vehículo autónomo. El auto en sí era un BMW Serie 5 equipado con una variedad de sensores: Lidar, cámaras y radar. En total, el sistema tiene una distancia de visualización igual a la de dos campos de fútbol largos, e incluso utiliza el control de crucero adaptativo del automóvil para determinar el alcance. Hay que decir que, aunque son visibles, estos sensores están bastante bien integrados en todos los paneles del automóvil.

Alex Kalogianni/Digital Trends

Elegimos uno de los hoteles de la zona como destino, y nos subimos a la parte trasera de nuestro Lyft operado por Eric, que está tras del volante debido a que el estado de Nevada exige por ley que una persona debe ir allí en una prueba de auto sin conductor por la vía pública.

Al igual que el exterior, el interior del automóvil cuenta con muy pocas alteraciones. Aptiv actualizó el BMW iDrive existente, representando las diferentes rutas que el carro podía y no podía tomar; identificó objetos que podían moverse (automóviles, motociclistas, gente en un cruce de peatones, etc.) y aquellos que no podían hacerlo. Es una distinción importante en lo que respecta a la toma de decisiones, y eso ciertamente se aplica a los autos sin conductor.

El viaje fue … bueno, sin mucho interés. No hubo drama ni emoción, ni prisas. Fue un viaje —simplemente— normal, y hasta aburrido. Y ojo, que consideramos que éste es el mayor elogio que se le puede dar a cualquier viaje hecho en un vehículo autónomo. Y sí: Eric estaba en el asiento del conductor, pero era bastante claro que no estaba conduciendo el carro.

En determinado momento, los ocupantes pudimos escuchar unas sirenas que se acercaban rápidamente. Todos pudimos ver un vehículo de emergencia acercarse por el carril que estábamos a punto de cruzar, y también “lo vio” el automóvil. Pensamos que a lo mejor Eric iba a intervenir, pero finalmente no lo hizo. Hablando con una portavoz de Aptiv que viajaba con nosotros, nos aclaró que el BMW no reconoció al vehículo de emergencia como tal, aunque sí supo que se trataba de un automóvil que venía hacia nosotros con toda rapidez. En definitiva: que convenía detenerse, y así lo hizo.

Aptiv y Lyft esperan muchas más demostraciones como ésta para normalizar la idea de subirse a un carro sin conductor. Fue sorprendentemente fácil para nosotros aceptar la situación y confiar en las capacidades del automóvil, sin duda, ayudados por el hecho de que podíamos “ver” lo que el automóvil también estaba “viendo”. Esa normalización es probablemente el mayor obstáculo que tiene el avance de estos vehículos. Pero una vez superado, los viajes sin un Eric sentado al volante serán de lo más común. Lo sentimos, Eric.

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