El presidente y CEO de Honda, Toshihiro Mibe, viajó recientemente a Shanghái para conocer de primera mano una planta de un proveedor chino que también suministra componentes a Tesla. Tras el recorrido, pronunció una frase que ha resonado en toda la industria: “No tenemos ninguna posibilidad contra esto”, en referencia al nivel de automatización y eficiencia que vio en la fábrica. El centro operaba prácticamente sin presencia humana en la línea de producción, con procesos de logística y aprovisionamiento completamente automatizados.
Ventaja en velocidad y costes
El viaje de Mibe buscaba entender cómo los fabricantes chinos lanzan modelos nuevos en apenas 18 a 24 meses, la mitad del tiempo que manejan muchos fabricantes tradicionales. Esa rapidez se combina con unos costes de producción muy contenidos, lo que explica por qué marcas chinas están inundando su mercado local y ganando terreno en exportaciones. Honda acumula cinco años consecutivos de caída de ventas en China, y la presión ha obligado a la compañía a reestructurar su negocio y a registrar pérdidas multimillonarias asociadas a proyectos cancelados.
No es rendición, es señal de alarma
Pese a lo contundente de la frase, Mibe no la planteó como una capitulación, sino como un llamado a acelerar el cambio dentro de Honda. A su regreso a Japón, urgió a sus propios proveedores a actuar con rapidez y a reducir drásticamente los tiempos de desarrollo, dando más autonomía a la división de I+D para responder al ritmo de China. En paralelo, el fabricante está revisando alianzas y estrategias en vehículos eléctricos para no quedarse descolgado frente a competidores que ya dominan ese segmento.
Una crisis que afecta a todo el sector japonés
Las palabras de Mibe se suman a advertencias similares de otros gigantes japoneses, como Toyota, cuyo presidente Koji Sato ha llegado a afirmar que la propia supervivencia de la compañía está en juego si no cambian las cosas. La sensación de “crisis existencial” se extiende en un momento en que China no solo lidera en volumen, sino también en innovación en software, baterías y plataformas eléctricas. Para Honda, reconocer en público la magnitud del desafío podría ser el primer paso para pasar de una estrategia defensiva a una ofensiva en el mayor mercado automotriz del mundo.