Las incertidumbres que ponen cuesta arriba el futuro de los autónomos

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Por estos días, reducir costos es uno de los principios que se repiten como mantra en la industria automotriz. Muchos fabricantes están suspendiendo sus gamas menos rentables o de bajo volumen, en un intento por ahorrar dinero. Y por otro lado, las principales marcas están asignando más dinero para la investigación y el desarrollo de tecnología eléctrica y autónoma, cuya producción masiva debería de materializarse la próxima década.

Sin embargo, mientras que los autos eléctricos tienen un futuro brillante por delante, los coches autónomos aún sufren de un problema de imagen grave que están luchando por superar, de acuerdo a diferentes investigaciones.

Un estudio de CivicScience reveló que la mayoría de los consumidores estadounidenses no están interesados en la tecnología autónoma: el 72 por ciento de los 1,900 encuestados dijeron no sentirse cómodos en absoluto con ese tipo de autos y solo el seis por ciento dijo estar de acuerdo con la idea.

Peor aún, la American Automotive Association (AAA) descubrió que el 71 por ciento de los automovilistas tienen miedo a viajar en un automóvil sin conductor ni volante, una cifra ligeramente inferior al 73 por ciento de abril de 2018.

Los números apuntan a un gran abismo entre los miles de millones de dólares que invierten las empresas en tecnología y las expectativas de los consumidores, con los que cuentan para obtener un retorno de su inversión.

En particular, Ford destinó más de un billón de dólares (1,000 millones de dólares) en Argo, un monto cercano al costo de desarrollar un auto nuevo desde cero, mientras que Amazon invirtió $500 millones en Aurora. General Motors compró Cruise por un billón(1,000 millones), y la puesta en marcha ha acumulado más de $5 billones desde entonces, incluyendo una inyección de efectivo de $2.75 billones de Honda.

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En noviembre de 2017, un servicio de transporte sin conductor se estrelló una hora después de su debut en Las Vegas y la historia se volvió viral. Lo que realmente sucedió fue que el conductor de un camión provocó un pequeño accidente, pero eso no impidió que la historia explotara en las redes sociales.

Un problema de comunicación

Al tiempo que las compañías automotrices avanzan a toda velocidad en la tecnología autónoma, la credibilidad pública sigue siendo una asignatura pendiente, tal como lo desnudaron CivicScience y AAA.

“Desde el punto de vista del consumidor, no vemos investigaciones que muestren que el consumidor diga “Quiero presionar un botón e ir de manera autónoma a cualquier lugar”, dijo Scott Keogh, el jefe de la división estadounidense de Volkswagen, a Digital Trends. “Los consumidores aún sienten que quieren tener el control”, refrendó.

Sin embargo, advirtió que la mayoría de los consumidores aún no han probado un verdadero automóvil autónomo. A su juicio, afirman sus creencias en base a las noticias, donde los titulares rara vez son positivos, pero nunca se han trasladado en un prototipo.

En términos generales, los carros autónomos tienen estándares más altos que los conductores humanos. Todos pasamos por una señal de STOP (Pare o Alto en los países hispanohablantes) o manejamos sobre el límite de velocidad, pero eso nunca ha sido noticia.

Las imágenes de un prototipo de conducción autónomo que navega imprudentemente a 90 mph (145 kph) en la I-15 obtendrían millones de visitas en YouTube. Cada accidente que involucra un automóvil autónomo es analizado y publicado. Este nivel de escrutinio no es inusual para una nueva tecnología, respecto de la cual cualquier fracaso eclipsa los éxitos.

La confusión se extiende a algunos de los sistemas semiautónomos disponibles en automóviles nuevos, lo que complejiza el proceso. Cada vez que un Tesla se estrella mientras viaja con el Autopilot activado, la firma emite una declaración para recordar al público y a la prensa que su tecnología no es 100% autónoma, y que los conductores deben estar atentos a la carretera y mantener sus manos en el volante. Esa letra pequeña se ignora y con demasiada frecuencia la historia se reduce a “accidentes automovilísticos en la carretera”.

“Como industria, tenemos que entregar mucha más claridad sobre lo que estamos ofreciendo”, opinó Keogh.

¿Quién en su sano juicio se cambiaría voluntariamente en un auto que cree que se estrellará? En un segundo sondeo, CivicScience constató que 63 por ciento de los 4,294 encuestados no están interesados en ser propietarios, arrendar o incluso viajar en un autónomo. Seis por ciento quiere viajar en uno, pero no pretende comprar ni alquilar uno, y solo el 11 por ciento respondió que les interesa adquirir uno.

Waymo es la excepción a la regla. Cuando lanzó su programa piloto hace dos años en Phoenix, más de 20,000 personas manifestaron su interés en probar la tecnología. La mayoría de los clientes que usan Waymo One, el servicio de transporte comercial que introdujo en diciembre de 2018, le da una calificación de cinco estrellas a sus viajes.

La filial de Google se comporta mejor que sus rivales en la mente de los consumidores, en parte porque es una de las pocas marcas que comunica sus logros. Con orgullo anuncia públicamente sus hitos, como cuando su flota de prueba cruzó el umbral de 10 millones de millas o cuando uno de sus prototipos basados en Chrysler Pacifica obedeció las señales de un policía. También ayuda que sus prototipos nunca hayan estado involucrados en un choque importante. Casi un año después de que uno de los prototipos de Uber matara a un peatón, la imagen aún está patente.

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Confianza

En 2019, llevar los carros autónomos a las masas parece un intento valiente pero sin sentido, aunque sea un proceso inherente a toda tecnología que nace. El control de velocidad crucero parecía superfluo durante la década de 1960 y la cámara de visión trasera, que fue resistida por muchos automovilistas, ahora es obligatoria. En 2029, las estadísticas contarán una historia completamente diferente. La aceptación del consumidor aumentará en la próxima década por varias razones.

La tecnología autónoma será más confiable, más asequible y, por consiguiente, más común. El número de consumidores expuestos también crecerá. A menos que se produzcan accidentes más significativos o contratiempos legislativos, los conductores dejarán de verlo como una amenaza y lo aceptarán como otra evolución.

Por otra parte, la conducción será más cara, porque el costo de los automóviles en desarrollo aumentará, por lo que este tipo de coches podría convertirse en una de las formas más rápidas y económicas de viajar por la ciudad. Es por eso que las compañías de autos y tecnología confían en que verán un retorno de su inversión tarde o temprano.

“Si la movilidad se vuelve más costosa y tenemos la tecnología para el nivel 5 [automatización], creo que habrá un mercado para los taxis robot”, afirmó el presidente de Audi, Bram Schot, en una entrevista con Digital Trends.

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