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Lado oscuro de la Luna: lo que sabemos y no antes de que llegue Artemis II

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Durante décadas, el lado oscuro de la Luna fue una mezcla de misterio, mito y proyección humana. Hoy, gracias a misiones como las chinas Chang’e-4 y Chang’e-6, y a la nueva campaña tripulada Artemis II de la NASA, sabemos bastante más: no es una región “oscura” en sentido literal, sino el hemisferio que nunca nos muestra su rostro por efecto del acoplamiento de marea, y además es geológicamente distinto de la cara visible.

La expresión “lado oscuro” es, en realidad, engañosa. La NASA explica que la Luna gira sobre su eje en el mismo tiempo que tarda en orbitar la Tierra, por eso siempre vemos la misma cara desde aquí; el lado opuesto recibe luz solar igual que el cercano, pero permanece oculto a nuestra vista. Esa diferencia entre “oscuro” y “oculto” es clave para entender por qué el hemisferio lejano se convirtió en un territorio de leyenda, y también en un laboratorio científico excepcional.

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Qué sabemos oficialmente

La cara oculta fue fotografiada por primera vez por la sonda soviética Luna 3 en 1959, y luego observada por humanos desde órbita durante Apollo 8 en 1968; desde entonces, satélites y misiones automáticas han permitido estudiar su relieve, composición y grandes cuencas de impacto. La idea central que emerge de la literatura científica y las agencias espaciales es que la cara oculta no es simplemente “lo mismo pero más lejos”: tiene una corteza más gruesa, menos mares basálticos extensos y una historia geológica distinta.

China dio un salto decisivo con Chang’e-4, que en 2019 realizó el primer alunizaje suave en la cara oculta, dentro de la cuenca Von Kármán, en la región del polo sur de la cuenca Aitken. Más tarde, Chang’e-6 aterrizó en junio de 2024 en la cuenca South Pole-Aitken, usando la retransmisión del satélite Queqiao-2, y logró recoger y devolver a la Tierra 1.935,3 gramos de muestras del lado lejano, algo que ninguna otra nación había conseguido.

Lo que revelaron las muestras

Los primeros grandes resultados oficiales llegaron con el análisis de Chang’e-6. La agencia espacial china informó en 2025 que varias investigaciones publicadas en Nature mostraron actividad volcánica en la cara oculta hace unos 4.200 millones y 2.800 millones de años, lo que indica que el vulcanismo allí duró al menos 1.400 millones de años. También se obtuvo por primera vez información del campo magnético antiguo del lado lejano, se detectó una distribución de agua más baja en el manto de ese hemisferio y se caracterizaron rasgos geoquímicos muy distintos a los del lado visible.

Otro dato crucial es el papel de la cuenca South Pole-Aitken, descrita por CNSA como la más grande, profunda y antigua de la Luna, con unos 2.500 kilómetros de diámetro. Ese impacto gigantesco habría sido tan energético que, según la explicación oficial china, su efecto fue decisivo en la evolución interna lunar. En otras palabras: estudiar la cara oculta no solo sirve para “ver lo que está escondido”, sino para reconstruir cómo se enfrió la Luna, cómo se formó su corteza y por qué ambos hemisferios son tan asimétricos.

Por qué es distinta

La NASA señala que el acoplamiento de marea frenó la rotación lunar hasta que el satélite quedó sincronizado con su órbita, dejando permanentemente oculta una mitad desde la Tierra. Pero la asimetría no es solo geométrica: las imágenes y datos de orbitadores muestran que la cara oculta tiene menos mares oscuros de basalto y más terrenos altos de material claro, con una corteza en promedio más gruesa que la del hemisferio cercano.

Esa diferencia ha intrigado a los científicos durante décadas. Con Chang’e-6, los investigadores chinos afirman haber obtenido acceso directo a material profundo del lado lejano, algo que ahora permite poner a prueba hipótesis viejas y revisar modelos sobre el interior lunar y la evolución temprana del sistema Tierra-Luna. Para la ciencia planetaria, eso convierte al hemisferio oculto en una cápsula del tiempo.

El mito que persiste

Pese a todo, la idea de “lado oscuro” sigue siendo poderosa porque toca una fibra cultural muy antigua: la de lo invisible, lo inaccesible y lo prohibido. Incluso cuando la ciencia ya explicó el fenómeno, la expresión conserva una carga poética que ha nutrido la literatura, el cine, la música y la divulgación popular.

Ahí entra Artemis II, la misión tripulada de la NASA que realizará un sobrevuelo lunar de unos 10 días y pasará detrás de la Luna, observando directamente zonas del lado lejano que ningún humano ha visto desde esa perspectiva. NASA dice que la tripulación tomará fotografías de alta resolución y que la iluminación parcial generará sombras largas, útiles para revelar relieves, pendientes y bordes de cráteres.

En términos simbólicos, Artemis II también reabre la vieja genealogía mítica del nombre. Artemisa, diosa griega de la Luna, la caza y la naturaleza salvaje, es una figura de protección pero también de severidad; en la tradición clásica, castiga la transgresión con dureza, y por eso su nombre encaja con una misión que combina vigilancia, precisión y retorno al espacio profundo. No es casual que la narrativa pública del programa Artemis conecte la exploración lunar con una figura femenina antigua, asociada tanto a la luz como al misterio.

Artemis, mito y viaje

La mitología alrededor del “lado oscuro” mezcla ideas que no son científicas, pero sí culturalmente persistentes: lo oculto como lo peligroso, lo invisible como lo sagrado y lo lejano como lo iniciático. En ese marco, Artemis II funciona casi como una procesión moderna alrededor de un umbral cósmico: la nave no aterrizará, pero sí rodeará el hemisferio que durante siglos solo existió como rumor, mapa incompleto o imagen robótica.

También persiste una confusión importante: la misión no visitará el “lado oscuro” en un sentido literal, porque ninguna parte de la Luna está permanentemente en oscuridad. Lo que hará Artemis II será pasar por detrás de la Luna, una región que desde la Tierra nunca vemos, pero que en la práctica está tan iluminada por el Sol como la cara visible.

Un nuevo capítulo

Si Chang’e-4 abrió la puerta, Chang’e-6 dejó claro que el lado oculto no es un vacío sino una reserva de historia geológica; y Artemis II, con seres humanos mirando esa región desde cerca, promete devolverle al fenómeno su dimensión humana. Lo que durante generaciones se llamó “lado oscuro” está dejando de ser un territorio de fantasía para convertirse en una pieza central de la historia lunar.

Diego Bastarrica
Diego Bastarrica es Senior Editor y Head of Content en Digital Trends en Español, donde lidera la estrategia editorial, SEO…
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“Estamos investigando la fuga de fotones de hidrógeno conocidos como Lyman-alfa (Lyα), que actúan como un indicador de los obstáculos y las trayectorias que encuentra la luz al intentar escapar de una galaxia. Su trayectoria final puede proporcionarnos información sobre el gas y el polvo que rodean a las estrellas jóvenes, así como sobre las condiciones en el interior y alrededor de la galaxia”, explica Arshi Ali, primera autora del paper, y quien además desarrolló el análisis del objeto, bajo la supervisión de la profesora y astrónoma Lucía Guaita, de la Universidad Andrés Bello (UNAB), junto al astrónomo Manuel Aravena, de la Universidad Diego Portales.

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