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La influencer Stephanie Matto vende NFT de frascos llenos de pedos

La prueba de que vivimos en el infierno es que existe una celebridad de la televisión que vende frascos con sus pedos por $1,000 dólares. Su nombre es Stephanie Matto, fue estrella del reality 90-Day Fiance y asegura que gana unos $50,000 dólares a la semana vendiendo frascos con sus gases; además, usa su TikTok para documentar lo que come para mantener su negocio.

La influencer Stephanie Matto gana una fortuna vendiendo frascos con sus pedos

¿Te parece demasiado? Entonces lee esto. Debido a que Matto debe ingerir alimentos ricos en fibra para poder llenar unos 50 frascos con gases a la semana, tuvo un problema intestinal que tuvo que ser atendido por médicos, quienes le dieron medicamento para que ya no tuviera tantos pedos. Su negocio pudo venirse abajo, pero la influencer pensó en otra forma de hacer dinero: vender NFT de sus flatulencias, o más bien, de caricaturas de estas.

Los NFT (siglas de non fungible token) son una especie de certificados digitales sobre la singularidad de un artículo digital. Como los frascos con pedos que pueden tener un NFT deben ser digitales, Stephanie vende imágenes de sus frascos. Son curiosas, sí, pero quizá su encanto caiga —o suba, dependiendo tu opinión sobre los NFT— cuando te enteres de su precio: 0.05 ETH (ether, la criptomoneda de la red Ethereum), unos $190 dólares al momento de redactar esta nota.

Los NFT de la influencer Stephanie Matto

Stephanie montó un sitio web con 5,000 NFT de caricaturas de sus frascos con gases. Son digitales, así que bromea —eso queremos pensar— al decir que podrás imaginar el olor. Hicimos la cuenta y, si los vendiera todos, ganaría unos $950,000 dólares.

Claro, Stephanie conoce a su público. No lo vamos a describir, basta decir que son personas dispuestas a pagar $1,000 dólares por un frasco donde una mujer se tiró un pedo. A ese público, Stephanie dice que 100 de los NFT podrán ser intercambiados con un frasco real con una flatulencia, 70 por bragas usadas y 30 por lencería usada.

Sí, en eso nos hemos convertido.

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