Análisis Far Cry 6: menos predecible y más político

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Análisis Far Cry 6: menos predecible y más político
“Far Cry 6 podría ser el juego más interesante y complejo que ha hecho Ubisoft en el último tiempo.”
Pros
  • El diseño de misiones, las mecánicas y la ambientación son notables
  • Menos formulaico que anteriores juegos de Ubisoft
  • Las temáticas sociopolíticas no se esconden ni se disfrazan
Cons
  • El español que se lee y se escucha en la isla no es nativo ni perfecto

En las primeras horas de Far Cry 6 hay un momento que marca el tono del juego en cuanto a narrativa y jugabilidad: una misión en la que el objetivo es destruir una plantación de tabaco. En general, la tarea es simple: incendiar las zonas de cultivo y destruir tanques con químicos, mientras se hace frente a oleadas de enemigos que llegan de manera constante hasta que el medidor de destrucción se llena por completo.

Este diseño de misiones es un clásico en los juegos de Ubisoft, sin embargo, en Far Cry 6 el detalle está en que, mientras se quema la plantación, al fondo suena una versión caribeña y en español de la canción “Bella ciao”, la cual cambia de ritmo e incluso agrega más instrumentos a medida que se desata el caos. Sin música, la misión sería como cualquier otra. Con la melodía, pasa a ser un gran momento de la campaña del juego.

Far Cry 6 no es ajeno a la fórmula de Ubisoft presente en todos sus juegos de mundo abierto, pero el mérito está en que la disfraza de la mejor manera, por lo que el juego no se siente como una lista de tareas interminable. La mezcla entre las mecánicas y el diseño de misiones es más orgánica y en esto tiene mucho que ver la ambientación. La isla de Yara da espacio para acomodar entornos urbanos, zonas rurales, montañas y archipiélagos; en general, es más diversa que el mapa plano y uniforme del anterior Far Cry.

Far Cry 6, mejorar lo conocido

Ubisoft tiene una marca registrada con sus juegos de mundo abierto y Far Cry 6 no es la excepción. El mapa está dividido en zonas, donde cada una es controlada por un subalterno del villano principal; el objetivo es tomar control de estos territorios al completar misiones hasta derrotar al jefe de esa demarcación y así cerrar el cerco alrededor del villano principal.

Lo que cambia en Far Cry 6 respecto a los anteriores títulos de la saga no es el diseño como tal, sino la percepción de lo que se hace. En este caso, se busca iniciar una la revolución yarana, y para ello hay que reclutar aliados que han tratado de mover las cosas por su cuenta o que se han desencantado y ya no les interesa recuperar el país. Como buen protagonista de los juegos de mundo abierto, Dani Rojas pasa las horas ayudando a otras personas hasta convencerlos de unirse a la causa.

Ahora, lo interesante es que en Far Cry 6 desaparece casi por completo el concepto de limpiar bases o capturar torres para desbloquear actividades, un mecanismo habitual en muchos juegos de Ubisoft. Eso no quita que en determinados momentos haya que hacerlo, pero no es la tónica del juego. La “apertura” del mapa ocurre simplemente al recorrerlo y así aparecen nuevos lugares de interés, además de asentamientos enemigos por los que se puede pasar en paz sin necesidad de eliminarlos a todos.

El recorrido por la campaña de Far Cry 6 tiene un buen ritmo y alterna misiones llanas con momentos más explosivos y espectaculares. Por diseño, algunos de estos cometidos obligan a ir cara a cara contra el enemigo, pero el resto del tiempo se puede escoger el sigilo, ya que las mecánicas están bien implementadas para acomodar distintos estilos de juego. Esto incluye muchas armas y formas de personalización que resultan útiles para los momentos más complicados.

Por otra parte, también existen los entornos urbanos, una novedad para la saga. En Far Cry 6 hay ciudades con varios niveles y es frecuente encontrarse haciendo parkour entre edificios y estructuras. Para facilitar esto, Ubisoft agregó algunos elementos y mecánicas nuevas que en general funcionan muy bien y que permiten moverse por techos y plataformas en un estilo muy similar a Dying Light.

Los entornos urbanos le dan una nueva dimensión y refrescan la jugabilidad emergente más clásica de los Far Cry.

En todo lo que respecta a diseño de misiones y mecánicas, este título es la suma de años de experiencia de Ubisoft en los juegos de mundo abierto. Este diseño no es revolucionario ni cambia de manera radical, pero está mucho mejor disfrazado que antes. Por consecuencia, Far Cry 6 es un juego con un feeling menos predecible y rígido en el que las horas pasan volando.

Bienvenidos a Yara (Cuba)

Far Cry 6 está ambientado en Yara, un país ficticio en medio del Caribe compuesto por varias islas. Esta nación está regida por un presidente/dictador llamado Antón Castillo (Giancarlo Esposito), electo mediante una cuestionada votación popular, que lleva varias décadas en el poder.

Yara es una potencia mundial en cuanto a medicina y buscan desarrollar una cura para el cáncer basada en sus plantas de tabaco. No obstante, el costo de esos avances ha sido una población empobrecida y dividida entre los falsos y verdaderos yaranos, según la clasificación de Castillo. Los falsos yaranos son considerados parias y obligados a trabajar como esclavos en las plantaciones de Viviro, el elemento resultante de las plantaciones de tabaco modificadas.

El fin de Antón Castillo es devolver a Yara a su antigua gloria, mientras la nación tiene que arreglárselas como puede con el bloqueo impuesto por la comunidad internacional y en particular por una superpotencia como Estados Unidos.

Ubisoft ha insistido en que sus juegos no son políticos, sin embargo, con Far Cry 6 reconocen que este tipo de historias no pueden aislarse de la discusión política y menos cuando este título no es nada sutil con su puesta en escena. Yara es básicamente una versión ficticia de Cuba en la que hay demasiados elementos que remiten a la historia de esta isla caribeña, como revoluciones que duran décadas o ciudades que parecen haberse quedado estancadas en el tiempo como consecuencia de los bloqueos.

Pese a ello, hay elementos propios de la narrativa de Far Cry 6 que son más complejos. En el cuadro general, Yara es Cuba, pero al hacer un zoom en situaciones más puntuales aparecen elementos sociopolíticos que son problemáticos no solo en las dictaduras, sino a nivel global. Por ejemplo, el control militar en ciudades con toque de queda, el nacionalismo extremo o la discriminación hacia las minorías, temáticas que se hacen visibles en el juego y que no se quedan solo en referencias rebuscadas.

En ese sentido, Far Cry 6 es más honesto que Far Cry 5,  ya que tiene menos tapujos al momento de decir lo que tiene que decir. En el título anterior, las insinuaciones sobre lo que ocurría en el Estados Unidos rural y protestante se quedaron solo en eso. Far Cry 6, en cambio, no es el juego más explícito de todos, pero no tiene problemas para mostrar las consecuencias del fascismo y el nacionalismo.

La ambientación de Far Cry 6 es auténtica en general, aunque hay ciertos detalles que para los hispanohablantes no pasarán inadvertidos. Lo más evidente está en los nombres de algunos lugares y el español que se ve por toda la isla, que parece haber sido pensado primero en inglés y luego traducido de manera casi literal.

Algo similar ocurre con los actores de voz originales, que mezclan un inglés con acento latino y palabras en español cuya pronunciación no es nativa, algo que se nota de inmediato. Entonces, cabe preguntarse cómo una compañía como Ubisoft, con todos los recursos disponibles para crear juegos que involucran a miles de personas, queda a deber en detalles como estos.

No es que todo el español de Yara sea imperfecto, pero es frecuente encontrar frases sin mucho sentido en las señalizaciones o nombres de lugares que parecen una traducción literal del inglés. A la larga, esto se convierte en un asunto menor y curioso que no empaña la ambientación, aunque el uso del idioma es lo menos auténtico de los entornos creados para el juego.

Dicho lo anterior, el doblaje al español de las voces es en general bueno y quizá sea la forma óptima de jugar Far Cry 6, lo que se complementa muy bien con una banda sonora de primer nivel y que hace que la experiencia sea interesante y llamativa desde lo audiovisual.

Conclusión: un avance en todo aspecto

Quizá el paso del tiempo cambié la perspectiva que se tiene de un producto como este, pero no es arriesgado decir que Far Cry 6 es uno de los mejores de toda la serie, así como uno de los títulos más interesantes que ha hecho Ubisoft en años recientes.

Es importante recalcar que el juego no reinventa una fórmula, pero el mérito está en lograr que la aventura completa fluya de manera orgánica, en la que no se interponen elementos como las estadísticas, las listas de actividades o los niveles de experiencia. Dichos elementos sí están presentes, pero en un lugar secundario y aparecen solo en momentos específicos, por ejemplo, cuando el régimen de Antón Castillo se da cuenta de que la revolución se acerca y envía más militares a las calles (y aumenta el nivel de dificultad de cada zona).

Mención especial merece el elenco de toda la aventura. Es cierto que el villano es quien se lleva todas las miradas —el rostro de Giancarlo Esposito está capturado a la perfección—, pero el resto de personajes son más diversos que estereotípicos. El guion es sencillo y nada rebuscado, y consigue mantener hasta el final el factor de interés, más que nada por querer saber cuáles son las motivaciones reales del dictador.

Far Cry 6 es un juego sobresaliente porque tiene un gran diseño de mecánicas y misiones, su ambientación es auténtica aun con fallos de localización, además de que el juego no se alarga más de la cuenta ni tampoco termina por ser repetitivo; por el contrario, el solo hecho de recorrer la isla y explorar las rutas públicas y las ocultas es una actividad satisfactoria en sí misma.

Sumado a lo anterior, este título presenta temáticas más complejas de manera correcta. A veces es atrevido, aunque en otras ocasiones puede ser tímido. Pero los mensajes están ahí y no se esconden, lo que significa un avance en una industria que tiende a ser demasiado conservadora con productos globales como este.

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