Aunque solemos asociar Internet con antenas móviles, satélites y centros de datos, la inmensa mayoría del tráfico global viaja en silencio por el fondo del mar, a través de una red de cables submarinos de fibra óptica que conectan continentes y países.
Diversas estimaciones de la ONU, la UIT y analistas independientes coinciden en que entre el 95% y el 99% del tráfico internacional de datos se transporta hoy por cables submarinos, no por satélites.
Estos cables forman la auténtica «columna vertebral» de la economía digital: permiten desde videollamadas y streaming hasta transacciones financieras de alta frecuencia y servicios en la nube.
Desde finales del siglo XIX, cuando los primeros cables telegráficos cruzaron el Atlántico, la infraestructura submarina ha evolucionado hasta los actuales sistemas de fibra óptica de terabits por segundo. Hoy existen varios centenares de cables activos que suman más de 1,3 millones de kilómetros bajo los océanos, y cada año se añaden nuevos proyectos para reforzar o reemplazar rutas existentes.
Un listado vivo de todos los cables submarinos del mundo
Hablar de «todos» los cables submarinos implica asumir que se trata de un listado vivo y en constante cambio: se agregan nuevos sistemas, otros se retiran o reciclan para usos científicos, y muchas rutas se actualizan con tecnologías más modernas. Por eso, las principales fuentes de referencia suelen ser mapas interactivos y bases de datos que se actualizan de forma continua, más que un listado estático.

- TeleGeography mantiene el mapa interactivo SubmarineCableMap.com, considerado el índice más completo de sistemas submarinos de telecomunicaciones activos y en desarrollo.
- En 2021, la empresa reportaba 487 cables globales y más de 1.300 estaciones de amarre, una cifra que ha seguido creciendo en los años posteriores con nuevas rutas en África, Asia y América Latina.
- Al seleccionar cualquier ruta en este mapa es posible ver el nombre del cable, fecha de entrada en servicio (RFS), longitud, propietarios y puntos de aterrizaje.
Entre los nombres que se repiten en casi todos los listados destacan 2Africa, AAE-1, SEA-ME-WE 3/4/5, Grace Hopper, Dunant, MAREA, EllaLink, Curie, Firmina, PEACE, Asia America Gateway (AAG), Asia-Pacific Cable Network (APCN), así como sistemas regionales como ARCOS-1, AMERICAS-II o GlobeNet.
Cada uno de ellos enlaza múltiples países y suele participar en consorcios donde conviven grandes operadores de telecomunicaciones y gigantes de Internet como Google, Meta, Microsoft o Amazon.
¿Qué pasaría si alguno de estos cables se corta?
Los cortes de cables submarinos no son un escenario hipotético: ocurren decenas de veces al año por causas muy diversas. La Internacional Cable Protection Committee estima que hay entre 150 y 200 incidentes anuales en la red global, la mayoría provocados accidentalmente por actividades humanas como pesca de arrastre o anclas de barcos, y una minoría por terremotos, deslizamientos submarinos u otros riesgos naturales.
En ocasiones también se ha investigado la posibilidad de sabotajes o acciones deliberadas en zonas geopolíticamente tensas, como el mar Rojo.
Históricamente, algunos cortes han generado fuertes degradaciones de servicio. En 2008, la rotura casi simultánea de varios cables en el Mediterráneo y Oriente Medio (SEA-ME-WE 4, FLAG, FALCON, entre otros) ralentizó de forma notable el acceso a Internet en países de Oriente Medio y el subcontinente indio, obligando a redirigir gran parte del tráfico por rutas mucho más largas. Más recientemente, los cortes de varios cables en el mar Rojo han impactado rutas críticas entre Europa, Oriente Medio y Asia, con aumentos de latencia y necesidad de desviar hasta una cuarta parte del tráfico por rutas alternativas, según mediciones de proveedores de red.
Sin embargo, el impacto de un corte puntual sobre el usuario final suele ser menor de lo que se imagina. Los grandes operadores contratan capacidad en múltiples cables redundantes, de modo que, cuando un sistema falla, el tráfico se reencamina automáticamente por otras rutas, aunque con algo más de latencia y, en ocasiones, congestión y pérdida de calidad en servicios en tiempo real. Es decir, rara vez un único corte deja completamente a oscuras a un país entero, pero sí puede degradar la experiencia, encarecer los costes de tránsito y poner a prueba la resiliencia de la red.
El problema se vuelve más serio cuando varios cables de la misma zona se dañan al mismo tiempo. En regiones donde la mayoría de las rutas pasan por corredores estrechos (estrechos, mares interiores o cuellos de botella geográficos) un incidente múltiple puede aislar temporalmente a países o regiones enteras, o forzar desvíos por rutas extremadamente largas.
De allí que organismos como la UIT o la propia International Cable Protection Committee insistan en reforzar tanto la redundancia como la protección física y legal de estos «oleoductos» de datos.
¿Cuáles son los más importantes y que dan Internet a Estados Unidos y Latinoamérica?

Ningún cable por sí solo «da Internet» a una región: la conectividad se construye a partir de una mezcla de sistemas que, juntos, crean redundancia y capacidad suficiente para atender la demanda. Aun así, existe un conjunto de cables especialmente relevantes para las comunicaciones entre Estados Unidos y América Latina, por su capacidad, rutas y papel en el ecosistema regional.
TeleGeography ha identificado más de 60 sistemas submarinos activos o en despliegue que conectan América Latina con el resto del mundo, incluyendo rutas hacia Estados Unidos, Europa y África.
En su mapa específico de telecomunicaciones para la región, la organización destaca un «refresh» de infraestructura con nuevos cables como Firmina, Malbec, TAM-1 o Humboldt que se suman a sistemas ya consolidados.
Entre los cables clave que vinculan a América Latina con Estados Unidos destacan:
- GlobeNet: un sistema de 23.500 kilómetros que une la costa este de Estados Unidos con Bermudas, Venezuela, Colombia y Brasil, diseñado con un fuerte foco en baja latencia para servicios financieros entre Wall Street, São Paulo y Bogotá.
- AMERICAS-II y ARCOS-1: redes de anillo en el Caribe que conectan Estados Unidos, Puerto Rico, islas del Caribe, Venezuela, Guayana Francesa y Brasil, proporcionando rutas redundantes y distribuidas en la cuenca caribeña.
- Curie: cable de Google que conecta California con Chile, reforzando la ruta directa entre la costa oeste de Estados Unidos y Sudamérica.
- Firmina: otro proyecto de Google que enlaza Estados Unidos con Brasil, Uruguay y Argentina, pensado para mejorar la resiliencia de la ruta Atlántico oeste.
- MANTA: nuevo sistema anunciado para conectar Panamá, México, Colombia y Estados Unidos, el primero en el Golfo de México, con una longitud de unos 5.600 kilómetros y capacidad de al menos 20 Tbps por par de fibra.

A estas rutas se suman sistemas recientes y planificados que buscan posicionar a Sudamérica como hub de conectividad hacia otras regiones.
EllaLink conecta directamente Brasil con Portugal, creando un enlace estratégico entre América del Sur y Europa sin pasar por Norteamérica. El proyecto Humboldt —impulsado por Chile en alianza con Google— propone enlazar Chile con Australia para abrir un corredor directo entre América del Sur, Oceanía y Asia-Pacífico.
El resultado es una topología en la que ciudades como São Paulo, Río de Janeiro, Fortaleza, Buenos Aires, Santiago de Chile, Ciudad de Panamá, Miami y Nueva York funcionan como nodos críticos de intercambio de tráfico y puntos de amarre de múltiples cables. En paralelo, los proveedores construyen cada vez más centros de datos y caches de contenido en la región para reducir la dependencia de rutas intercontinentales y mejorar la latencia percibida por los usuarios.
Un sistema crítico y en constante expansión
Los cables submarinos son, a la vez, una infraestructura tremendamente robusta y sorprendentemente vulnerable. Robusta porque se apoya en la redundancia y en una malla de rutas alternativas que permiten absorber fallos parciales; vulnerable porque un puñado de corredores y estaciones de amarre concentran buena parte del tráfico global y pueden convertirse en puntos de fallo únicos en escenarios extremos.
De cara al futuro, los mapas de TeleGeography y los análisis de organismos regionales como LACNIC muestran una clara tendencia: más cables, más capacidad, más rutas directas y un mayor protagonismo de América Latina en la geografía de Internet.
Entender dónde están, cómo funcionan y qué ocurre cuando se cortan estos cables es esencial para dimensionar la verdadera arquitectura física de la red que usamos cada día, casi siempre sin ser conscientes de que nuestras comunicaciones dependen, literalmente, de hilos de vidrio enterrados en la oscuridad del océano.