Bilal Chughtai, quien se desempeñó como ingeniero de investigación en el equipo de seguridad y alineación de inteligencia artificial general (AGI) de Google DeepMind hasta julio de 2026, anunció su salida de la compañía a través de publicaciones en X y LinkedIn, en las que expresó su convicción de que la tecnología que ayudó a desarrollar “tiene el potencial de matarnos a todos” y que el tiempo disponible para evitar ese desenlace podría estarse agotando.
En su mensaje, Chughtai relató que los sistemas que le parecían “graciosamente inútiles” cuando ingresó al campo en 2022 avanzan hoy por una trayectoria en la que la pérdida de control humano podría traducirse en una pérdida de poder permanente o, en el peor de los escenarios, en la muerte. El investigador atribuyó este riesgo a que los problemas de alineación —es decir, lograr que los sistemas de inteligencia artificial actúen conforme a los valores e intenciones humanas— siguen sin resolverse, mientras las capacidades técnicas de estos modelos continúan multiplicándose a gran velocidad.
Una fórmula para frenar la carrera entre laboratorios
Como posible solución, Chughtai propuso una coordinación entre las principales compañías del sector para frenar lo que describió como una “carrera desenfrenada” y avanzar a un ritmo que la sociedad pueda asimilar antes de que se produzcan daños extremos. El ingeniero, que rechazó ofertas de OpenAI y Anthropic durante su etapa en DeepMind, se incorporó tras su renuncia a BlueDot Impact, una organización dedicada a la formación en seguridad de la inteligencia artificial. Google, por su parte, no emitió comentarios sobre su salida.
Este testimonio se suma a una ola reciente de advertencias provenientes de dentro de la propia industria. Días antes, Jacob Coxon, quien trabajó en investigación de preentrenamiento tanto en Anthropic como en OpenAI durante tres años, había renunciado a Anthropic acusando a ambas empresas de “apostar con nuestras vidas” al perseguir sin freno una inteligencia artificial capaz de mejorarse a sí misma. Evan Hubinger, líder del equipo de alineación de Anthropic, respaldó públicamente esa preocupación y llegó a estimar en más de un 10% la probabilidad de que la inteligencia artificial termine acabando con la humanidad.
Un debate que divide a la industria y a la política
La renuncia de Chughtai se conoció el mismo día en que el propio director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, calificaba de “carentes de base científica” ese tipo de pronósticos apocalípticos, en una llamada pública junto al presidente Donald Trump, quien tildó las advertencias sobre riesgos existenciales de “engaño” y “estafa”. Este contraste evidencia una brecha cada vez más marcada entre quienes construyen y comercializan estos sistemas y una parte creciente de los propios investigadores técnicos, que reclaman una desaceleración deliberada del desarrollo de modelos cada vez más potentes antes de que la seguridad quede definitivamente rezagada frente a la capacidad