Seis años después de que la sonda OSIRIS-REx de la NASA recogiera una muestra del asteroide Bennu, un nuevo estudio propone una respuesta a una pregunta clave: ¿dónde se formó? Según la investigación, su origen estaría cerca de la línea de hielo del agua, en el límite entre el sistema solar interior y el exterior.
El trabajo lo lideró Maria Schönbächler, profesora de geoquímica isotópica en la ETH de Zúrich, y se publicó en la revista Science Advances a fines de la semana pasada. Su equipo recibió apenas medio gramo del material que la misión entregó en el desierto de Utah, en septiembre de 2023.
La línea de hielo, o «línea de nieve», es el punto del disco protoplanetario donde el frío permitía que el vapor de agua se congelara en granos de hielo. Más cerca del Sol, las temperaturas eran demasiado altas, y allí se formaron los planetas rocosos: Mercurio, Venus, la Tierra y Marte.
Hasta ahora se creía que asteroides como Bennu se habían formado en los confines del sistema solar, quizá donde nacen los cometas. Los análisis de la composición química de sus minerales apuntan a otra cosa. «Bennu es un híbrido: el material no coincide claramente ni con el sistema solar interior ni con el exterior», explicó Schönbächler.
Los investigadores hallaron firmas isotópicas muy parecidas en Bennu, en el asteroide Ryugu y en unos meteoritos poco comunes llamados condritas CI. Por eso, plantean que los tres pudieron nacer en la misma región.
En esa historia también participó Júpiter. El planeta gigante se formó cuando el Sol tenía apenas un millón de años, y su posición coincide aproximadamente con la de la línea de hielo. Al crecer, habría actuado como un filtro: bloqueó los grumos más gruesos de polvo y dejó pasar los granos más finos, que se mezclaron en la zona donde se originó Bennu. El hielo habría servido como una especie de pegamento para unir ese polvo fino.
Eso explicaría por qué la composición química de Bennu se parece tanto a la del Sol. Según Schönbächler, es «nuestra mejor imagen» de la mezcla original de elementos con la que se construyeron los planetas rocosos. Se cree que Bennu se desprendió de un asteroide mucho mayor y rico en carbono hace entre 700 millones y 2.000 millones de años.