Una parte de un cohete Falcon 9 de SpaceX terminó su travesía espacial este miércoles al colisionar contra la superficie lunar, en un episodio que la comunidad científica sigue con atención pese a no representar ningún riesgo para la Tierra. Se trata de la segunda etapa del lanzador, utilizada en enero de 2025 para poner en órbita dos módulos de aterrizaje no tripulados: el Blue Ghost, de la firma Firefly Aerospace, y el Hakuto-R Mission 2, desarrollado por la compañía japonesa ispace. Tras cumplir su misión, el fragmento quedó a la deriva durante más de un año hasta que su trayectoria terminó cruzándose con la de nuestro satélite natural.
Según los cálculos de un equipo de 23 investigadores liderado por Benjamin Fernando, y publicados como preprint en arXiv, el choque se produjo hacia las 06:35 UTC de este miércoles, en las cercanías del cráter Einstein, ubicado en el borde de la cara visible de la Luna. El objeto, con una masa cercana a las cuatro toneladas, se desplazaba a unos 2,43 kilómetros por segundo —cerca de 8.700 kilómetros por hora— y golpeó la superficie con un ángulo de 34 grados respecto a la vertical.
El impacto habría liberado una energía cinética estimada de 11,8 gigajulios, equivalente a casi tres toneladas de TNT, suficiente para abrir un cráter de entre 17 y 30 metros de diámetro y levantar una columna de material expulsado que podría alcanzar entre 75 y 100 kilómetros de altura. Bill Gray, desarrollador del software astronómico Project Pluto y quien fue clave para calcular la ruta del objeto, había anticipado semanas antes la posibilidad de esta colisión.
Un portavoz de la NASA, Jimi Russell, descartó cualquier peligro para nuestro planeta y explicó que la agencia continuará monitoreando la zona para examinar el sitio del impacto con fines científicos. De hecho, buena parte de los astrónomos consideró este suceso una oportunidad poco frecuente de estudio, ya que permite analizar en tiempo real la formación de un cráter y obtener datos sobre la composición del regolito lunar.
Debido a que el choque ocurrió cerca del límite entre el día y la noche lunares, resultó muy difícil observarlo en directo desde la Tierra, por lo que se espera que las primeras imágenes del cráter lleguen en los próximos días, una vez que la luz solar ilumine por completo la zona. Este es apenas el segundo caso documentado de una colisión accidental de un cohete contra la Luna, un antecedente que reabre el debate sobre la gestión de la basura espacial en misiones de exploración profunda.