La fiebre por la nostalgia gamer se materializa ahora en la muñeca: My Play Watch anunció una nueva edición de su reloj‑consola que incluye una versión totalmente jugable de Mega Man 2, el clásico de Capcom para NES. El dispositivo, con un precio de referencia de 79,99 dólares en Estados Unidos, combina funciones básicas de reloj con un pequeño panel LCD a color y controles físicos integrados en la correa, permitiendo enfrentar a los jefes robot de Dr. Wily directamente desde la pulsera.
La preventa comenzará en los próximos días a través del sitio del fabricante, con envíos previstos para más adelante en 2026.
El gadget forma parte de una línea de wearables lúdicos que ya había homenajeado a otras franquicias retro, pero esta versión apuesta por un paquete temático completo: incluye esferas animadas inspiradas en Mega Man, sonidos extraídos del juego original y correas intercambiables decoradas con sprites del héroe azul y sus enemigos.
A diferencia de los relojes inteligentes tradicionales, no busca competir en sensores de salud o notificaciones, sino ofrecer una experiencia de juego auto‑contenida, similar a los viejos dispositivos LCD de Tiger Electronics que en los años noventa ya habían llevado Mega Man 2 a un formato de reloj. El objetivo declarado de la marca es captar tanto a coleccionistas como a jugadores casuales que quieran una pieza de conversación distinta.
Mega Man 2, lanzado originalmente en 1988 en Japón y 1989 en Estados Unidos para NES, está considerado uno de los títulos más influyentes del catálogo de 8 bits de Nintendo, célebre por su dificultad afinada, sus jefes memorables y su banda sonora icónica.
Recuperarlo en formato wearable refuerza la tendencia de reempaquetar clásicos en hardware experimental, desde mini‑consolas hasta dispositivos plug‑and‑play, y plantea de paso la pregunta sobre la comodidad real de jugar sesiones prolongadas en una pantalla tan diminuta. Para quienes crecieron con el cartucho original, sin embargo, la idea de llevar a Mega Man literalmente atado a la muñeca probablemente pese más que cualquier objeción ergonómica.