Una modesta producción china titulada «Niu Lai» (algo así como «El buey llega»), señalada por muchos como una de las cintas animadas más toscas del año, se convirtió inesperadamente en un fenómeno viral que ha sido interpretado, en buena parte de las redes sociales occidentales, como un símbolo del rechazo al contenido generado por inteligencia artificial.
El filme recaudó cerca de 15 millones de yuanes (unos 2,25 millones de dólares) desde su estreno el 5 de agosto, una cifra que contrasta drásticamente con su debut: apenas 342 yuanes (unos 50 dólares) el primer día, con solamente 236 espectadores durante sus primeros nueve días en cartelera, una cifra ínfima en un país de 1.400 millones de habitantes.
Hecha por solo dos personas, sin equipo profesional
De acuerdo con el sitio especializado Mao Yan, la producción estuvo a cargo únicamente de dos personas: Xin Yumeng, quien se encargó del modelado, la animación, la edición, la producción e incluso el doblaje, y Sun Lifang, responsable del guion y también de parte de las voces. Reportes del medio The Paper detallan que la cinta se realizó «sin el respaldo de un equipo de producción profesional, sin procesos tercerizados y sin equipos de renderizado».
Existen versiones encontradas sobre cómo se popularizó la película. Algunos atribuyen su despegue a un cartel promocional hecho a mano por el propio personal de los cines, dado que, según la cadena británica BBC, la cinta ni siquiera contaba con un póster oficial de lanzamiento [web:3]. Lo cierto es que los primeros espectadores comenzaron a subir capturas y videos a plataformas como TikTok, generando una curiosidad creciente que llevó a más personas a las salas, en un efecto de bola de nieve que terminó por internacionalizar el fenómeno.
Entre el arte «outsider» y las sospechas de fraude
Buena parte del atractivo de «Niu Lai» para las audiencias radica, paradójicamente, en su imperfección: muchos usuarios han señalado que, pese a sus evidentes errores técnicos, el resultado se percibe genuinamente humano, algo que compararon con el aspecto artificial y genérico de los contenidos producidos con herramientas de inteligencia artificial.
Sin embargo, no todas las lecturas han sido tan celebratorias. Medios estatales chinos, como Beijing News, cuestionaron a los cines por permitir la proyección de una obra que, a su juicio, no cumple con los estándares mínimos de calidad, mientras que otros comentaristas plantearon la hipótesis de que la película pudo haber sido concebida como un intento de obtener subsidios gubernamentales para la industria audiovisual, dado que la empresa productora figuraba hasta hace poco registrada como una contratista de construcción.
Ante la polémica, la cinta comenzó a ser retirada de algunas salas, aunque una copia completa, sin subtítulos en inglés, ya circula en YouTube. Mientras tanto, su director, lejos de detenerse, ya anunció su próximo proyecto: una nueva película titulada «Sheep Gao».