Jonathan, una tortuga gigante de Seychelles considerada el animal terrestre más longevo del planeta, fue protagonista involuntario de una estafa de criptomonedas que aprovechó su supuesta muerte para recaudar donaciones. Con aproximadamente 194 años, Jonathan vive desde 1882 en la residencia del gobernador de la isla de Santa Elena, en el Atlántico sur, y se ha convertido en un símbolo local y global de longevidad.
El 1 de abril, una cuenta falsa en X (antes Twitter) que se hacía pasar por su veterinario, Joe Hollins, publicó un emotivo mensaje anunciando su fallecimiento y celebrando su “legado de resiliencia”, acompañado de un llamamiento para donar criptomonedas.
La publicación, atribuida a «Joe Hollins», afirmaba: «Me rompe el corazón compartir que nuestro querido Jonathan, el animal terrestre vivo más antiguo del mundo, ha fallecido hoy en paz en Santa Elena.
«Como veterinario durante muchos años, fue un honor cuidarle – dándole plátanos a mano, viéndole tomar el sol y maravillándome de su tranquila sabiduría. Deja un legado de resiliencia y longevidad que inspiró a millones. Descansa tranquilo, viejo amigo. Te echarán de menos más de lo que las palabras pueden expresar.»
El texto, aparentemente creíble y firmado por el supuesto profesional que cuida al animal desde hace años, se viralizó rápidamente y superó los dos millones de visualizaciones, lo que llevó a medios internacionales como la BBC, USA Today y el Daily Mail a informar erróneamente de la muerte de Jonathan. Poco después, una investigación periodística reveló que la cuenta operaba desde Brasil y que Hollins ni siquiera usa redes sociales, lo que confirmó que se trataba de una estafa y no de una broma de April Fools. Mientras tanto, el gobernador de Santa Elena, Nigel Phillips, relató que recibió mensajes de preocupación desde todo el mundo y que salió de noche al jardín de la residencia para comprobar el estado del animal, al que encontró durmiendo bajo un árbol “muy vivo”.
Tras aclararse el engaño, las autoridades locales y el propio Hollins pidieron difundir la corrección para frenar la campaña de donaciones fraudulentas y alertar sobre el uso de figuras icónicas para dar credibilidad a esquemas cripto dudosos. Jonathan, que es ciego por cataratas y ha perdido el olfato, sigue manteniendo buen apetito y una vida social activa con otras dos tortugas que comparten su recinto, según describen sus cuidadores.
El episodio deja al descubierto, una vez más, lo fácil que resulta que la desinformación prospere cuando incluso grandes medios replican contenidos sin verificar a fondo la procedencia de las cuentas en redes sociales, especialmente en un contexto donde las estafas ligadas a criptomonedas siguen multiplicándose.