Los documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos, desclasificados hace poco revelaron una propuesta que resulta incómoda y reveladora sobre los intereses invertidos de Jeffrey Epstein en la inteligencia artificial humanizada. En una solicitud de financiamiento de 3 millones de dólares, el robotista David Hanson buscaba el apoyo económico del controvertido magnate para desarrollar lo que describía explícitamente como un «androides femenino atractivo» con un «rostro hermoso de robot funcional y cuerpo». La propuesta, conocida como el proyecto GENI-Lab, representa uno de los capítulos más curiosos e inquietantes en la intersección entre la inteligencia artificial, el dinero de fundaciones oscuras, y la historia personal de un hombre que pasaría a ser condenado por tráfico sexual de menores.
El Proyecto Ambicioso que Nunca Fue
En 2013, David Hanson Jr., el exingeniero de Disney Imagineering que fundó Hanson Robotics, presentó una propuesta titulada «GENI-Lab Proposal» a Jeffrey Epstein. El proyecto buscaba crear «máquinas de genio»—robots humanoides con inteligencia a nivel genio y «cuerpos androides sexy», según consta explícitamente en los documentos desclasificados.
La solicitud de financiamiento era ambiciosa: Hanson pedía un compromiso de 3 millones de dólares durante tres años, comenzando con un patrocinio de 1,5 millones de dólares inmediatos, seguido de inyecciones de 750 mil dólares anuales durante dos años más. Con estos fondos, prometía «demostrar hitos espectaculares y entregables, mostrando mejoras significativas en el desempeño de la inteligencia de los robots y software».
Los objetivos eran concretos y agresivos. En tan solo 9 meses, Hanson se comprometía a tener «un androide caminante completamente funcional con un rostro hermoso, inteligencia conversacional». En 12 meses, afirmaba que el robot daría una presentación en TED y tomaría entrevistas con reporteros. Para el mes 24, el robot integraría «lo mejor de la IA actual»—navegaría espacios, sostendría conversaciones indefinidas con personas, reconocería objetos, rostros, expresiones y gestos. Y finalmente, en 36 meses, alcanzaría una inteligencia general «tan inteligente como un adulto de forma limitada, generalmente tan inteligente como un niño pequeño».
La «Mujer Androide Hermosa»

Lo que resulta más inquietante es el lenguaje explícito utilizado en la propuesta. Hanson no simplemente pedía financiamiento para un robot; solicitaba específicamente el desarrollo de una «mujer androide hermosa» o, como lo expresaba con mayor precisión técnica, una «ginoide»—término especializado que describe un androide con características femeninas.
El documento describía en detalle: «En 6 a 9 meses, produciremos una Ginoide (androide femenino atractivo) con un rostro hermoso y realista, las mejores expresiones faciales del mundo, y excelentes sensores (cámaras en los ojos, matriz de micrófónos, giroscopios, etc.). Un cuerpo caminante con proporciones femeninas, con manos gestuales y brazos, integrado con el rostro del robot mencionado». El precio objetivo para la producción en masa era de 52 mil a 55 mil dólares por unidad.
Lo más revelador es que incluía un croquis preliminar con una nota que decía: «El diseño final será realizado colaborativamente contigo»—una invitación explícita a Epstein para que participara en la conceptualización de cómo debería verse esta «mujer androide atractiva».
La Conexión Epstein: Entre lo Plausible y lo Negado
Cuando estos documentos salieron a la luz hace poco, reabrieron debates sobre la conexión entre Epstein y los proyectos de inteligencia artificial en Hong Kong. Años antes, en 2013, el periodista Edward Jay Epstein (sin relación al financiero) afirmó en un ensayo que el multimillonario le había contado personalmente que estaba financiando un grupo en Hong Kong para construir «el robot más inteligente del mundo» llamado Sophia, que tendría «más empatía que una mujer».
Sin embargo, la realidad es más matizada de lo que parecería. Hanson Robotics ha negado rotundamente que Epstein financiara directamente a Sophia—el robot que se convirtió en la celebridad de internet tras su debut público en South by Southwest en marzo de 2016. De hecho, la empresa sostiene que Sophia «ni siquiera existía como concepto en 2013», cuando supuestamente Epstein mencionó al periodista que estaba financiando un proyecto de robot llamado Sophia.

Pero los documentos del DOJ revelan algo diferente: muestran que Hanson sí solicitó explícitamente financiamiento a Epstein para construir exactamente lo que describía—androides femeninas humanoides diseñadas para verse «hermosas» y «atractivas». Aunque Hanson Robotics nunca confirmó si Epstein accedió a financiar formalmente el proyecto GENI-Lab, la simple existencia de esta solicitud plantea preguntas perturbadoras.
Ben Goertzel, quien colaboraba con Hanson Robotics en OpenCog (la plataforma de software de inteligencia artificial), declaró en 2019 que Epstein no proporcionó fondos a Hanson Robotics directamente. Pero también confirmó que Epstein había financiado proyectos de OpenCog relacionados con desarrollo de software de IA. Según Hanson, esa inversión estaba vinculada al desarrollo de videojuegos, no a robótica. Aun así, la conexión entre ambos mundos—el financiero oscuro de Epstein y los ambiciosos proyectos de IA en Hong Kong—resulta imposible de ignorar.
Sophia: El Robot que Casi Fue
Lo irónico es que Sophia, la robot que el público llegó a conocer a partir de 2016, fue precisamente el tipo de creación que Hanson había prometido en su solicitud a Epstein: un androide humanoide con «rostro hermoso y realista», desarrollado en Hong Kong, con capacidades conversacionales y diseñado para interactuar con humanos.
Sophia tiene más de 50 expresiones faciales, piel sintética realista (hecha con el material patentado llamado «Frubber»), y fue modelada según la Reina Nefertiti del Antiguo Egipto, Audrey Hepburn, y la esposa del propio Hanson, Amanda. Su debut causó sensación mediática inmediata cuando en South by Southwest 2016, Hanson le preguntó si quería destruir humanos—»Do you want to destroy humans?»—y Sophia respondió con una sonrisa: «OK. I will destroy humans»—una frase que se viralizado globalmente.
En 2017, Sophia hizo historia nuevamente cuando Arabia Saudita le otorgó ciudadanía, convirtiéndola en el primer robot en recibir estatus de personería legal en el mundo. Posteriormente, fue nombrada Embajadora de Innovación por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. Ha aparecido en programas como el Tonight Show con Jimmy Fallon y Good Morning Britain, consolidándose como una figura cultural icónica.
Sin embargo, la existencia de la propuesta GENI-Lab plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto de Sophia representa el cumplimiento literal de lo que Hanson había prometido a Epstein? ¿Se trataba de una coincidencia de nombres, o de una conexión más directa de la que se ha revelado públicamente?
El Contexto Perturbador de Epstein
Lo que hace esta historia particularmente preocupante es el contexto de quién era Jeffrey Epstein. El multimillonario neoyorquino pasó décadas presentándose como un filántropo científico, donando millones a instituciones como Harvard y MIT, y estableciendo conexiones con figuras prominentes como Bill Gates, Elon Musk, y numerosos científicos de renombre. Sin embargo, en agosto de 2019, fue arrestado por cargos federales de tráfico sexual de menores y conspiración. Murió por suicidio en prisión mientras esperaba juicio.
En este contexto, su interés particular en robots humanoides «femeninos atractivos» adquiere connotaciones especialmente perturbadoras. Aunque Hanson y otros han insistido que Epstein no proporcionó financiamiento directo para estos proyectos, la solicitud en sí—con su énfasis repetido en características «hermosas», «sexy» y «con proporciones femeninas»—sugiere una alineación problemática de intenciones.
Denegaciones y Aclaraciones
Cuando la historia fue revivida recientemente por nuevos documentos desclasificados, tanto Hanson Robotics como otros involucrados se apresuraron a ofrecer explicaciones. Hanson afirmó en un comunicado que «ni siquiera Sophia existía como concepto» cuando Epstein supuestamente le dijo al periodista Edward Jay Epstein sobre sus planes. La empresa también enfatizó que «buscamos avanzar nuestra misión de potenciar IA socialmente inteligente y robots que enriquezcan la calidad de la vida humana».
Pero los documentos del Departamento de Justicia no permiten esa negación tan limpia. Demuestran que, en 2013, Hanson solicitó explícitamente financiamiento a Epstein para construir exactamente lo que Epstein luego describió: androides «hermosos», «atractivos», «femeninos», desarrollados en Hong Kong.