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La caca de tu perro podría estar dañando el medioambiente

Sí, los perros son adorables, pero un nuevo estudio señala que sus heces y orina pueden tener efectos devastadores en el medioambiente. Tal como lo lees.

La investigación afirma que los perros, al hacer sus necesidades en los parques, pueden dañar al ecosistema y generar una pérdida de la biodiversidad por la fertilización excesiva. Esta contaminación puede desequilibrar el medioambiente al favorecer a unas plantas por sobre otras.

Un perro oliendo un juguete del emoji de caca.

El estudio, publicado esta semana en la revista Ecological Solutions and Evidence, se basó en encuestas sobre la densidad de mascotas a lo largo del tiempo en cuatro reservas naturales alrededor de Gante, Bélgica.

Sin embargo, los investigadores creen que este fenómeno es relevante también para las áreas naturales en otras ciudades de Europa y en Estados Unidos, donde viven aproximadamente 87 y 72 millones de perros, respectivamente.

¿Qué hallazgos reveló el estudio?

Después de analizar los “efectos naturales” de los perros en cuatro parques que rodean Gante, Bélgica, se descubrió que el suelo sucio contenía grandes concentraciones de nitrógeno y fósforo, dos fertilizantes potentes que influyen en el medio ambiente.

“Los aportes de nutrientes de la orina y las heces caninas pueden tener efectos importantes en las concentraciones de nutrientes del suelo. En áreas de muchos paseadores de perros y especialmente cerca de senderos para caminar, se encuentran concentraciones elevadas de fósforo y nitrógeno, y los análisis de isótopos estables confirmaron que los perros son la fuente”, escribieron los investigadores.

La cantidad de nutrientes que podrían liberarse en el medio ambiente se evaluó a partir de una estimación de la frecuencia con la que los perros defecan y orinan, y qué tan ricas en fósforo y nitrógeno son las heces y la orina en promedio.

MChe Lee/Unsplash

Asumiendo que los dueños no recogen las heces, los perros pueden depositar al suelo hasta 11 kilogramos de nitrógeno y 5 kilogramos de fósforo por 1 hectárea al año.

Eso significa que los perros podrían estar empujando los entornos mucho más allá de la “carga crítica”, que es la cantidad de nitrógeno que puede ingresar a un ecosistema sin afectar la biodiversidad. “Para la mayoría de los ecosistemas en los que trabajamos, ese nivel es de 20 kg por hectárea al año”, dijo Pieter De Frenne, bioingeniero de la Universidad de Gante y autor del estudio.

Además, la contaminación del aire proveniente de la agricultura y el tráfico contribuye con otros 5 a 25 kg de nitrógeno por 1 hectárea al año a la contaminación del suelo.

“Cuando hay un exceso de nitrógeno disponible en el suelo, solo una selección de plantas competitivas puede hacer frente”, dijo De Frenne. Estas plantas luego superan las condiciones del medioambiente y sofocan a otras plantas. “Las orquídeas son un ejemplo típico. Estas son superadas y se pierden del ecosistema”, agregó el investigador.

“Los niveles más altos de nutrientes conducen a un mayor crecimiento de las plantas, principalmente de un número limitado de especies que demandan nutrientes”, dice el estudio. Estas les quitarían la luz disponible a otras, “causando la pérdida de especies de plantas y la homogeneización de las comunidades de plantas”, planteó el informe.

Mathew Smith/Unsplash

También se describió específicamente cómo la orina de los perros tiene un efecto negativo en la vida de las plantas debido a que los caninos a menudo comen mucha carne.

Según los investigadores, esto se debe a que “los perros son carnívoros y se alimentan principalmente con una dieta rica en proteínas, y las concentraciones de nutrientes en la orina son relativamente altas”.

“Específicamente, dentro de los parches de orina (que contienen nitrógeno) la deposición tiene un fuerte efecto sobre la biodiversidad vegetal y los procesos del ecosistema (por ejemplo, el ciclo del carbono y los nutrientes) en una microescala”, señalaron los investigadores.

¿Cuál es la solución?

Para reducir la carga en los ambientes, los administradores de los parques podrían introducir más áreas para perros sin correa con ecosistemas menos sensibles, dijo De Frenne.

Asimismo, dice el autor, los dueños de los perros podrían tratar de alentar a estos a que realicen sus necesidades antes de ingresar a los parques, o mantenerlos con una correa para evitar la propagación de la contaminación.

Finalmente, De Frenne comenta que los dueños deben recoger las heces de sus perros, “porque entonces se quita 97 por ciento del fósforo y la mitad del nitrógeno”.

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