Desarrollan una esponja capaz de convertir el aceite de cocina en biodiesel

Científicos del Instituto Real de Tecnología de Melbourne (MIT University) han logrado desarrollar una esponja diminuta capaz de convertir el tradicional aceite de cocina en un económico biodiesel.

Este material esponjoso es un nuevo tipo de catalizador ultraeficiente que sirve para convertir moléculas complejas en materias primas.

El equipo a cargo lo describe como “el primero de su clase”, por su capacidad de llevar a cabo una serie de reacciones químicas diferentes dentro de un material.

“Anteriormente se han desarrollado catalizadores que pueden realizar múltiples reacciones simultáneas, pero estos enfoques ofrecen poco control sobre la química y tienden a ser ineficientes e impredecibles”, explica Karen Wilson, investigadora y codirectora del estudio publicado en Nature Catalysis.

El catalizador similar a una esponja posee un tamaño de micrón (unidad de longitud equivalente a una milésima parte de un milímetro) y es muy poroso.

¿Cómo funciona?

Cuando las moléculas ingresan en la esponja sufren una reacción química en los poros grandes y después se hacen espacio yendo hacia los más pequeños, donde se lleva a cabo una segunda reacción química.

El proceso es barato y en él se pueden  usar ingredientes de baja calidad que de otra forma terminarían siendo desechados, como el aceite de cocina.

Este material, eso sí, tiene que ser limpiado a fondo a través de un proceso de alta energía con el fin de eliminar sus componentes antes de que pueda ser convertido en biodiesel.

Los autores son tan optimistas, que incluso afirman que, con un poco más de trabajo, esta tecnología podría utilizarse para producir combustible para aviones a partir de residuos agrícolas, neumáticos de caucho o algas.

“Nuestros nuevos catalizadores pueden ayudarnos a obtener todo el valor de los recursos que normalmente se desperdiciarían, desde el aceite de cocina usado rancio hasta las cáscaras de arroz y las cáscaras de verduras, para hacer avanzar la economía circular”, señala el investigador Adam Lee.

La buena noticia, es que detrás de este fin económico, el proyecto buscaría también la protección del medioambiente.

“Al aumentar radicalmente la eficiencia, podrían ayudarnos a reducir significativamente la contaminación ambiental de la fabricación de productos químicos y acercarnos a la revolución de la química verde”, agregan los autores.

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