El secretario del Departamento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Troy Meink, expuso el pasado 14 de septiembre una hoja de ruta orientada a modernizar la Fuerza Aérea y la Fuerza Espacial sin que ello implique un incremento desmedido del presupuesto. El anuncio se produjo durante un discurso central en la Conferencia de Ciberseguridad Aeroespacial y Espacial 2026, celebrada en National Harbor, Maryland, uno de los encuentros más seguidos por la industria de defensa estadounidense.
Según explicó el funcionario, ambas ramas militares deben enfrentar amenazas que evolucionan a una velocidad inédita, impulsadas en gran medida por la inteligencia artificial, mientras el país continúa operando bajo un esquema presupuestario pensado para un ritmo de guerra distinto al actual. “La amenaza está cambiando incluso más rápido de lo que imaginé posible cuando asumí este cargo hace dieciocho meses”, advirtió Meink, quien puso como ejemplo el conflicto europeo, donde los drones de ataque de un solo uso ya sustituyeron a la artillería tradicional como principal instrumento letal.
“Debemos aumentar nuestro poder de combate e innovar más rápido que nadie, de forma asequible. Necesitamos un poder de combate rentable”, dijo Meink.
Confirmación inédita sobre armamento espacial
Uno de los anuncios más comentados de la jornada fue el reconocimiento, por primera vez de manera pública, de que la Fuerza Espacial ya cuenta con armamento desplegado en órbita. Meink sostuvo que Estados Unidos dispone de sistemas de control espacial capaces de proteger a las fuerzas conjuntas frente a acciones hostiles de adversarios, en un contexto donde potencias rivales aceleran sus propias capacidades orbitales.
El funcionario también se refirió al desarrollo de aeronaves no tripuladas conocidas como Colaborative Combat Aircraft (CCA), de las cuales el Pentágono espera contar con al menos 500 unidades operativas hacia 2032. A esto se suma una nueva familia de aviones modulares de bajo costo, denominados Mass Modular Aircraft (MMA), cuyo despliegue de cien unidades está previsto para 2029, a un costo estimado en la mitad de un CCA y una décima parte de un caza de quinta generación. Dos de estos nuevos vehículos autónomos recibieron además nombre oficial: Vengeance y Fury.
Reforma en la adquisición de tecnología militar
Para sostener este proceso de modernización, el Departamento de la Fuerza Aérea estableció 26 puestos denominados “Ejecutivos de Adquisición de Cartera”, encargados de acelerar la incorporación de nuevo equipamiento en sus respectivas áreas, delegando en ellos casi todas las atribuciones legales posibles, incluida la autoridad de decisión en hitos clave de los programas, algo inédito hasta ahora en la comunidad de adquisiciones castrense.
Este giro estratégico se enmarca en un presupuesto histórico de 338.800 millones de dólares solicitado meses atrás para el ejercicio fiscal que comienza en octubre, cifra que representa un incremento de 92.500 millones respecto al año anterior y que se reparte entre 267.700 millones para la Fuerza Aérea y 71.100 millones para la Fuerza Espacial. Pese a este respaldo financiero, Meink lanzó una advertencia directa a la industria: muchos sistemas y componentes que el Pentágono necesita adquirir han superado la curva de costos razonable, con precios que crecen por encima de la inflación, una tendencia que, según el funcionario, debe revertirse para preservar tanto la ventaja militar como la seguridad económica del país.