A menudo miramos hacia el cielo nocturno e imaginamos que es una vasta y infinita extensión donde hay espacio de sobra para todos. Pero un nuevo análisis aterrador acaba de romper esa ilusión, revelando que el espacio justo encima de nuestras cabezas se está convirtiendo rápidamente en una autopista congestionada y a alta velocidad, sin límites de velocidad y con muy pocas normas de tráfico.
Según un estudio publicado en el servidor de preprint arXiv en diciembre de 2025, la gran cantidad de satélites de internet lanzados por empresas como SpaceX, Amazon y OneWeb ha llevado la órbita terrestre baja (LEO) a un punto de inflexión. Ya no estamos simplemente «abarrotando» el espacio; Estamos coqueteando activamente con una reacción en cadena catastrófica que podría arruinar el entorno orbital durante generaciones.
El «Reloj CRASH» está corriendo
La parte más alarmante de esta investigación es una nueva métrica desarrollada por los científicos llamada «CRASH Clock». Es una forma de estimar cuánto tiempo tendríamos antes de una colisión importante si todos los satélites dejaran de realizar maniobras de evitación de repente.

En 2018, ese reloj se mantenía en unos relativamente cómodos 121 días. Eso significaba que si todos quitaban las manos del volante, teníamos unos cuatro meses antes de que el metal se estrellara contra metal. Para 2025, ese colchón de seguridad se había evaporado. El reloj ahora solo marca 2,8 días. Eso supone una caída asombrosa en la estabilidad. Implica que lo único que mantiene intacta nuestra infraestructura orbital ahora mismo es la constante y activa esquiva que realizan los sistemas autónomos.
Un juego de balón prisionero
Para entender la magnitud del problema, hay que fijarse en el tráfico diario. El estudio señala que una «aproximación cercana» —definida como dos satélites zumbando a menos de un kilómetro uno del otro— ocurre ahora aproximadamente una vez cada 22 segundos en órbita terrestre baja.

Piénsalo. Cada 22 segundos, dos objetos del tamaño de coches, que viajan a decenas de miles de kilómetros por hora, casi se pierden. Solo para los satélites Starlink, estos casi accidentes ocurren cada pocos minutos. Ya no son objetos pasivos; Están constantemente agitándose, quemando combustible para esquivar escombros y otros satélites. Es un juego de alto riesgo de gallina orbital que requiere perfección, para siempre.
El escenario de la pesadilla: Síndrome de Kessler
La razón por la que los científicos están dando la alarma no es solo por un accidente. Si dos satélites colisionan, no se rompen simplemente; Se rompen en miles de fragmentos de metralla, cada uno convirtiéndose en una bala capaz de destruir otros satélites. Esto crea un bucle de retroalimentación conocido como el Síndrome de Kessler.

Si empieza este efecto dominó, no significa solo que se te caiga el internet por satélite. Estamos hablando de la posible pérdida del GPS, de los sistemas de predicción meteorológica que predicen huracanes y de las redes de comunicación de las que dependen los ejércitos y los equipos de emergencia. Una cascada lo suficientemente mala podría crear un campo de escombros tan denso que no podríamos lanzar cohetes a través de él, atrapándonos efectivamente en la Tierra y poniendo fin a la era espacial.
Este estudio es una llamada de atención de que la «gestión del tráfico espacial» ya no puede ser solo una palabra de moda. Necesitamos urgentemente normas internacionales que limiten la sobrepoblación en ciertas rutas orbitales y apliquen protocolos estrictos para evitar colisiones. Ahora mismo, el espacio funciona como un cruce concurrido sin semáforos, y a menos que empecemos a gestionar el flujo, es solo cuestión de tiempo que nuestra suerte se acabe.