La actriz británica Emily Blunt protagoniza uno de los proyectos cinematográficos más esperados del año: Disclosure Day, la nueva producción de ciencia ficción dirigida por Steven Spielberg. Sin embargo, más allá del argumento del filme, la intérprete ha captado la atención mediática por una decisión personal que tomó durante el rodaje: negarse a utilizar inteligencia artificial para crear la voz alienígena de su personaje, a pesar de que el propio director se lo propuso explícitamente.
Durante la gira de prensa del filme, Blunt relató cómo fue esa conversación con Spielberg. «Él me dijo: ‘Sabes, podríamos hacerlo con IA, o podrías hacerlo tú'», contó la actriz en una entrevista con Entertainment Tonight. Su respuesta fue categórica: prefirió buscar una solución completamente humana antes de recurrir a la tecnología.
La razón detrás de esta postura no fue simplemente una preferencia artística, sino también un miedo genuino. Blunt admitió sentirse «aterrada» ante la perspectiva de utilizar IA en su trabajo, una posición que va en contracorriente con la tendencia cada vez más extendida de incorporar herramientas de inteligencia artificial en la industria del entretenimiento.

En lugar de ceder a la propuesta tecnológica, la actriz optó por un proceso de experimentación propio y bastante particular: practicó los sonidos y clics que debía producir su personaje alienígena desde el baño de su casa. Esa exploración íntima y artesanal fue el punto de partida para desarrollar el lenguaje del ser extraterrestre que interpreta en la película. La versión final que el público escuchará en Disclosure Day es el resultado de múltiples capas de sonidos que la propia Blunt grabó en una cabina de sonido profesional.
La decisión de la actriz ha generado un debate relevante en Hollywood sobre los límites de la inteligencia artificial en la creación artística y la protección del trabajo actoral. Disclosure Day llega en un momento en que los sindicatos de actores y guionistas continúan negociando salvaguardas frente al avance de la IA en la industria. La postura de Blunt, avalada por uno de los directores más influyentes del cine mundial, podría convertirse en un poderoso precedente para quienes defienden que la expresión humana no debe ser reemplazada por algoritmos.