En una era dominada por la inteligencia artificial, las suscripciones en la nube y las interfaces sobrecargadas, un desarrollador ha logrado lo que muchos creían imposible: hacer funcionar Microsoft Word 1.1a, la versión original de 1990, en Windows 11. Este hito tecnológico no solo representa una proeza de ingeniería inversa, sino que también abre una ventana nostálgica hacia los inicios del procesamiento de texto visual en entornos Windows.
Justin Marshall, el desarrollador detrás de este proyecto, documentó exhaustivamente el proceso en su página de GitHub, donde reconstruyó el código fuente original y los recursos de Word for Windows 1.1a para combinarlos con reemplazos modernos compatibles con plataformas de 64 bits. El resultado es una aplicación que preserva la experiencia de usuario original mientras se ejecuta como un ejecutable nativo de Windows contemporáneo.
Por qué Word 1.1a marcó un antes y un después
A principios de la década de 1990, los procesadores de texto con capacidades WYSIWYG (what you see is what you get, o «lo que ves es lo que obtienes») representaban una innovación revolucionaria. Antes de esta revolución visual, los usuarios dependían de programas basados en DOS como WordPerfect 5.0 y Word 5.0, cuyas interfaces eran notablemente austeras y funcionales, pero carentes de la capacidad de previsualizar documentos en tiempo real.
Los primeros procesadores de texto para Windows cambiaron las reglas del juego: por primera vez, los usuarios podían ver sus documentos tomar forma en la pantalla y saber exactamente cómo se verían al imprimirse. Esta capacidad, que hoy damos por sentada, fue un salto cualitativo que democratizó la creación de contenido profesional y sentó las bases del procesamiento de texto moderno.
Requisitos técnicos: lo que necesitas antes de comenzar

Aunque la idea de ejecutar Word 1.1a en Windows 11 suena atractiva, el proceso de instalación no es trivial y requiere preparación técnica. Más allá de contar con una versión de 64 bits de Windows 10 o Windows 11 y PowerShell (los componentes más accesibles), los usuarios deberán instalar herramientas de desarrollo específicas que pueden resultar intimidantes para el usuario promedio.
Los requisitos esenciales incluyen Visual Studio 2022 con la opción de «Desarrollo de escritorio con C++» habilitada, un SDK de Windows 10 o Windows 11 instalado a través de Visual Studio, y CMake 3.25 o una versión más reciente. Estos componentes son necesarios para compilar el código fuente original y adaptarlo a las arquitecturas modernas de 64 bits que dominan el ecosistema Windows actual.
Paso a paso: cómo instalar Word 1.1a en tu sistema
El primer paso consiste en descargar e instalar Visual Studio 2022 desde el sitio oficial de Microsoft, asegurándose de seleccionar durante la instalación el componente «Desarrollo de escritorio con C++». Una vez completada esta instalación, deberás descargar e instalar el SDK de Windows correspondiente a tu versión del sistema operativo (Windows 10 o Windows 11) desde las herramientas de desarrollo de Visual Studio.
Posteriormente, descarga e instala CMake 3.25 o una versión superior desde el sitio oficial de CMake. Con todos los componentes en su lugar, visita la página del proyecto en GitHub de Justin Marshall, donde encontrarás el código fuente, las instrucciones detalladas de compilación y los recursos necesarios para construir el ejecutable final.
El proceso de compilación implica clonar el repositorio de GitHub, ejecutar CMake para generar los archivos de proyecto de Visual Studio, y luego compilar el código usando el entorno de desarrollo. Una vez completada la compilación exitosa, obtendrás un archivo ejecutable que podrás lanzar directamente en Windows 11, experimentando la interfaz original de Word 1.1a tal como se diseñó hace más de tres décadas.
¿Vale la pena el esfuerzo?
Si bien no se trata de reemplazar la versión moderna de Microsoft Word para tareas productivas cotidianas, ejecutar Word 1.1a en Windows 11 ofrece una experiencia única para entusiastas de la tecnología, historiadores del software y aquellos que sienten curiosidad por los orígenes de las herramientas que usamos diariamente. Además, representa un fascinante ejercicio de preservación digital que mantiene vivo el legado de una aplicación que cambió para siempre la forma en que creamos y editamos contenido escrito.
El proyecto de Marshall no solo demuestra que el pasado tecnológico puede coexistir con el presente, sino que también nos recuerda que, a veces, menos es más: una interfaz limpia, sin distracciones de IA ni funciones innecesarias, puede ser todo lo que necesitamos para escribir.