El Samsung Galaxy S26 Ultra, buque insignia de la serie con un precio de partida de 1.300 dólares, enfrenta críticas considerables por la cantidad excesiva de aplicaciones preinstaladas que acompañan el dispositivo desde su configuración inicial. A pesar de su costo premium, los usuarios descubren una experiencia de software congestionada con software no deseado que ocupa espacio de almacenamiento valioso.
Las pruebas realizadas en unidades de venta al público revelan que solo después de la configuración básica, sin que el usuario instale aplicación alguna, el dispositivo ya consume más de 40 gigabytes de los 512 disponibles. Esto representa aproximadamente el 8 por ciento del almacenamiento en la variante de mayor capacidad, aún antes de que el usuario agregue fotografías, vídeos o sus propias aplicaciones.
Entre el bloatware incluido destacan aplicaciones de empresas asociadas como Microsoft Office 365, LinkedIn, OneDrive, Spotify, además de Meta con Facebook e Instagram. Aunque los usuarios de Android argumentan frecuentemente que estas aplicaciones pueden desinstalarse fácilmente, el problema radica en que no existe opción para excluirlas durante la configuración inicial. Simplemente aparecen preinstaladas sin consentimiento del propietario del teléfono.
Lo más frustrante es la redundancia funcional incorporada deliberadamente. El Galaxy S26 Ultra incluye dos tiendas de aplicaciones distintas (Play Store y Galaxy Store), dos asistentes de inteligencia artificial (Gemini y Bixby), dos navegadores web (Chrome y Samsung Browser), dos gestores de correo electrónico (Gmail y Outlook) y dos servicios de almacenamiento en la nube (Google Drive y OneDrive).
Samsung justifica históricamente estas inclusiones mediante acuerdos comerciales donde terceros pagan o negocian términos recíprocos para preinstalar sus servicios. Esta práctica es comprensible en dispositivos de rango medio o presupuestario, donde el bloatware ayuda a reducir costos de manufactura y distribución. Sin embargo, resulta inaceptable en un teléfono de 1.300 dólares donde los usuarios pagan un precio premium precisamente por especificaciones y experiencia superiores.
La irremediable realidad es que Samsung no ha modificado significativamente sus especificaciones técnicas durante años, lo que genera la pregunta incómoda: ¿exactamente por qué los consumidores desembolsan cantidades tan elevadas? Un software limpio y un almacenamiento sin congestión previa deberían ser garantías mínimas en esta categoría de producto.