El desmontaje realizado por iFixit al denominado «Trump Phone» T1 ha despejado todas las dudas: el dispositivo que se comercializaba como un teléfono patriótico y exclusivo para los seguidores del presidente Donald Trump no es más que un HTC U24 Pro con una envoltura diferente. La revelación, que circuló ampliamente en medios tecnológicos, confirma las sospechas que muchos analistas ya tenían desde que el aparato fue anunciado.
El proceso de desmontaje de iFixit —organización especializada en reparación y análisis interno de dispositivos electrónicos— reveló que las placas, los conectores y la arquitectura interna del T1 son idénticos a los del HTC U24 Pro, un smartphone de gama media lanzado por la marca taiwanesa. Desde la cámara hasta el sistema de carga, cada componente coincide con exactitud con el modelo original de HTC.
El T1 fue promovido con un discurso de «tecnología americana» y fue respaldado por figuras vinculadas al entorno político de Trump, llegando a comercializarse a un precio considerablemente más elevado que el HTC base. Los consumidores que lo adquirieron habrían pagado un sobreprecio significativo por lo que, en esencia, es un teléfono fabricado en Asia con un sticker ideológico.

Este tipo de estrategia comercial, en la que se rebrandea un dispositivo ya existente bajo una nueva identidad, es conocida en la industria como «white-labeling». Sin embargo, lo que diferencia este caso es la narrativa política que rodeó su lanzamiento, prometiendo características de privacidad y seguridad superiores que, según los expertos, tampoco fueron comprobadas de manera independiente.
La reacción en redes sociales fue inmediata: usuarios y medios especializados en tecnología calificaron el caso como un engaño deliberado a los consumidores. Desde la perspectiva del derecho al consumidor, algunos abogados consultados por medios estadounidenses señalaron que podrían existir argumentos para una demanda colectiva si se demuestra que se vendió el producto bajo características falsas.
La situación pone nuevamente sobre la mesa el debate sobre la transparencia en la comercialización de dispositivos móviles, especialmente cuando estos se asocian a figuras públicas o causas políticas para inflar artificialmente su valor percibido.