Cada año, solo en México se pierden o roban 2.2 millones de celulares. En Perú, la cifra supera 1.7 millones al año. En Argentina, solo en el área metropolitana de Buenos Aires se producen cerca de 9.000 robos de dispositivos por día. En Chile, se bloquean alrededor de 60.000 equipos por mes. América Latina no tiene un problema con los celulares: tiene una crisis. Y paradójicamente, buena parte de esa crisis no la generan los delincuentes, sino nosotros mismos.
Un informe de Prey, empresa chilena de seguridad móvil con millones de usuarios en la región, encontró un dato que contradice el instinto colectivo: hay el doble de probabilidades de perder el celular que de que te lo roben. El extravío involuntario, no el arrebatón, sigue siendo el principal responsable de que los smartphones desaparezcan. Y los lugares donde ocurre son, en su mayoría, los de siempre.
El hogar: el escondite más caro
El primer lugar donde se pierde un celular es también el último donde se piensa en buscarlo: la casa. El 27,4% de los extravíos a nivel regional ocurren dentro del propio hogar, según el reporte de Prey. Cae entre los cojines del sofá, termina cubierto bajo ropa en la habitación, o se queda en silencio en algún rincón mientras su dueño lo busca con desesperación usando otro dispositivo. La familiaridad con el espacio genera el descuido que genera la pérdida.
La calle: el escenario de mayor riesgo en LATAM
En Chile, los ejes con mayor concentración de robos y extravíos están en zonas de alto tráfico peatonal. En Santiago, el cruce de Alameda con Meiggs registra hasta 158 denuncias por robo de celular en un solo sector, mientras comunas como Puente Alto, Maipú y Providencia lideran el ranking nacional. En México, el INEGI reportó 8.2 millones de robos en 2021, muchos de ellos en vía pública, con la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey como los principales focos. En Perú, los más de 5.000 casos diarios hacen que las calles sean el epicentro más activo de toda la región.
El transporte público: perder y no recuperar

El metro, el Metrobús, el Transantiago, el Transmilenio. En toda América Latina, el transporte masivo es uno de los escenarios de mayor riesgo para el celular, con una particularidad demoledora: la probabilidad de recuperarlo oscila entre 0% y 2%. En Chile, los paraderos de buses y microbuses concentran gran parte de los robos a estudiantes, especialmente en horarios pico donde la distracción es máxima y el espacio permite a los delincuentes actuar con rapidez y huir en segundos. El dato que agrava el panorama latinoamericano: 1 de cada 3 pérdidas ocurre mientras el usuario está en movimiento.
México: la economía de la pérdida
El caso mexicano merece capítulo aparte. La afectación económica por pérdidas y robos de celulares en 2024 fue de 10.2 millones de pesos solo considerando los dispositivos no asegurados. Y ese es el otro problema: solo 1 de cada 10 usuarios en México contrata un seguro para su smartphone. El mercado negro de dispositivos robados sigue siendo un obstáculo para frenar el fenómeno, incluso con esfuerzos conjuntos de telcos y autoridades por bloquear IMEI reportados. El robo de celulares en el país se concentra en transporte público, intersecciones de alta densidad y eventos masivos, donde la distracción colectiva opera como cómplice perfecta.
Restaurantes y bares: el descuido de la sobremesa

Los locales de comida y bebida son escenarios clásicos de extravío con una particularidad esperanzadora: si el mesero detecta el objeto a tiempo, la tasa de recuperación puede llegar hasta el 95%. El celular sobre la mesa es casi un reflejo pavloviano en toda la región —en México, Colombia y Argentina, el hábito de usar el teléfono durante las comidas está completamente normalizado—, y levantarse sin él también lo es. La sobremesa larga, la cuenta, el saludo de despedida: en esas transiciones ocurre el extravío.
Probadores y centros comerciales
Los malls y centros comerciales aparecen entre las ubicaciones menos seguras en Chile y Colombia. Los probadores de ropa son especialmente traicioneros: ropa encima de más ropa, espacio reducido, la atención puesta en el espejo. El celular cae silenciosamente debajo de una prenda o queda colgado en el gancho. La probabilidad de recuperación varía entre el 15% y el 70%, dependiendo enteramente de la honestidad de quien lo encuentre.
Escuelas y universidades: más riesgo del esperado
Datos de Prey revelan una estadística que sorprende a muchos padres: es más probable que te roben el celular en el colegio que en un bar. En centros educativos de América Latina —desde las preparatorias mexicanas hasta los liceos chilenos— la alta concentración de personas jóvenes, los espacios abiertos como canchas y cafeterías, y los momentos de distracción masiva (recreos, salidas) crean un entorno de riesgo sostenido. La tasa de recuperación en escuelas oscila entre el 15% y el 75%.
El auto: el error que rueda a 80 km/h
Dejar el teléfono sobre el techo del auto mientras se carga el maletero o se buscan las llaves es más común de lo que parece. El Bluetooth mantiene la conexión unos metros más, lo que retrasa la alerta. Para cuando el conductor nota la ausencia, el dispositivo ya lleva cuadras de viaje no autorizado —o simplemente está aplastado en el asfalto. En ciudades latinoamericanas donde el uso del auto es masivo y el tráfico obliga a paradas constantes, este escenario se repite con dolorosa frecuencia.
Playas, parques y eventos masivos

Durante el verano austral y las temporadas vacacionales en México (Semana Santa, Navidad, fin de año), las playas y espacios al aire libre suman al mapa del extravío. El momento de entrar al agua convierte el celular abandonado sobre la toalla en un blanco perfecto. Los eventos masivos —conciertos, ferias, partidos de fútbol— presentan otra dinámica: la aglomeración permite que los robos ocurran sin que la víctima lo note, mientras que los extravíos se producen en medio del barullo de la salida.
Una encuesta realizada en más de 10 países latinoamericanos —Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela— reveló que más del 60% de quienes perdieron información digital lo hicieron por extravío o rotura de su dispositivo. El patrón que emerge de los datos no es caótico: los celulares se pierden en las transiciones, en ese instante entre una actividad y la siguiente, cuando la atención ya está puesta en lo que viene y no en lo que se deja atrás. En una región donde el smartphone es simultáneamente billetera, agenda, cámara y llave de acceso a servicios esenciales, perderlo no es solo un inconveniente: es una crisis personal con números de escala continental.