El último Super Bowl dejó algo más que la actuación en la cancha: un video en primera persona de un espontáneo que irrumpió en el campo, grabado gracias a unas gafas inteligentes. La transmisión oficial no mostró el incidente —las cadenas evitan darle pantalla a quienes invaden el terreno—, pero en redes comenzó a circular la grabación POV del sujeto corriendo casi desnudo entre jugadores y guardias de seguridad hasta terminar reducido.
En las imágenes se aprecia que el hombre llevaba gafas con cámara integrada, lo que permitió capturar toda la secuencia desde su perspectiva, desde el momento en que pisa el césped hasta la intervención de los encargados de seguridad. Aunque no hay confirmación del modelo exacto, por el diseño algunos apuntan a que podría tratarse de unas Ray-Ban Meta AI, una de las propuestas de gafas inteligentes más populares del último año. Su formato similar a una montura tradicional y la posibilidad de grabar sin sostener un teléfono las convierte en un accesorio ideal para este tipo de contenidos, para bien y para mal.
El episodio se suma a un uso cada vez más polémico de las smart glasses. Reportes recientes han documentado cómo estos dispositivos se emplean para grabar interacciones en espacios públicos sin un consentimiento claro, desde “pickup artists” que filman conversaciones con mujeres hasta creadores que capturan escenas íntimas o embarazosas para viralizarlas después. Aunque la mayoría de modelos incluye un pequeño LED que indica que la cámara está activa, el indicador suele pasar desapercibido, y muchas personas aún no son conscientes de lo que significa.
La escena del Super Bowl es, en el fondo, una síntesis de las promesas y riesgos de la computación discreta: por un lado, ofrece un registro único y espectacular de un momento que normalmente no veríamos; por otro, refuerza la preocupación por un mundo donde cualquiera puede grabar —y difundir— casi todo lo que ve, sin que los demás se enteren.