Palmer Luckey, cofundador de Oculus y actual CEO de la empresa de defensa Anduril, quiere llevar la ciencia ficción al campo de batalla: perros modificados genéticamente, clonados y equipados con tecnología cibernética para acompañar a soldados, policías y equipos de emergencia. El proyecto se llama Warhound, surgió de una colaboración con la biotech Colossal Biosciences y arrancó con 200 millones de dólares en financiamiento semilla.
La propuesta no es crear una nueva especie de animal: se trata de producir perros de trabajo de alto rendimiento, con mejores condiciones de salud, mayor resistencia y capacidades adaptadas a misiones exigentes. La empresa los describe como “perros soldado”, aunque, por ahora, los animales todavía no existen.finance.
Qué son los perros cibernéticos
Los “perros cibernéticos” de Warhound serán canes de trabajo combinados con hardware y software de Anduril. No se trata de implantes que conviertan al animal en un robot ni de perros controlados por inteligencia artificial; la idea es dotarlos de protección, sensores y sistemas de información que mejoren la coordinación con su guía humano.
Anduril proporcionará equipos como protección ocular y auditiva, chalecos o armaduras corporales y tecnología integrada con su sistema EagleEye, orientado a la conciencia situacional en terreno. El objetivo es que el perro, su guía y sistemas autónomos operen como un mismo equipo durante una operación.
En términos simples, serían perros de trabajo “conectados”: podrían recibir o transmitir información sobre su entorno, estar mejor protegidos frente a ruido, escombros o condiciones adversas, y ayudar a los operadores a tomar decisiones con más datos en tiempo real. La compañía denomina a estos complementos “Augments”, o aumentos cibernéticos.theverge+1
Cómo los crearía Warhound
El plan de Warhound parte de perros de trabajo que ya demostraron buen desempeño, especialmente razas como el pastor belga malinois y el pastor alemán. La empresa planea conservar sus líneas celulares en un biobanco, clonar a los ejemplares más exitosos y aplicar ediciones genéticas dirigidas.
Colossal Biosciences, firma conocida por sus proyectos de “desextinción”, aportaría su experiencia en genética, clonación y biología animal. Según Ben Lamm, cofundador de Colossal y cocreador de la idea junto a Luckey, las ediciones buscarían reducir riesgos hereditarios —como problemas musculares, de cadera o visión— y potenciar atributos útiles para el trabajo de campo, como velocidad, agilidad y olfato.
El proceso contemplado sería aproximadamente este:
- Identificar perros de trabajo de alto rendimiento tras completar su entrenamiento.
- Extraer y conservar material genético en un biobanco.
- Clonar ejemplares probados para obtener una camada con características predecibles.
- Editar genes para disminuir enfermedades hereditarias y reforzar rasgos de desempeño.
- Entrenar a los animales y equiparlos con la tecnología de Anduril.
Para qué servirían
Warhound apunta a tres mercados principales: las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, las policías y los equipos de primera respuesta. Los perros podrían participar en tareas peligrosas o difíciles de automatizar, como detección de explosivos, búsqueda de personas, reconocimiento de terreno y operaciones especiales.
La justificación comercial y geopolítica del proyecto es reducir la dependencia estadounidense de criadores europeos. Según Warhound, más del 80% de los perros de trabajo del ejército de Estados Unidos se adquiere en Europa, y menos de la mitad logra superar el proceso de adquisición y entrenamiento.
La empresa sostiene que una producción doméstica permitiría asegurar el suministro de animales capacitados, mejorar su salud y entregar a los efectivos “compañeros caninos más capaces”.
Por qué genera controversia
El anuncio mezcla biotecnología, defensa y bienestar animal en una frontera todavía poco regulada públicamente. Aunque Warhound afirma que trabajará bajo la supervisión de American Humane Society y que ofrecerá entrenamiento y cuidado de primer nivel, la promesa de editar genéticamente animales para misiones militares plantea preguntas éticas sobre su salud, su expectativa de vida y el uso de seres vivos como extensión de sistemas de combate.
También hay una distinción importante: Palmer Luckey concibió el proyecto junto a Ben Lamm, pero Warhound no es, formalmente, una empresa de Anduril. Anduril participará como proveedor de hardware, software y capacidades de conciencia situacional, mientras que Warhound operará como la plataforma de genética canina y cibernética.
Por ahora, no hay perros cibernéticos operativos ni evidencia pública de que los animales modificados ya estén siendo desplegados. Lo que existe es una startup con 200 millones de dólares, una alianza entre una firma de defensa y una de ingeniería genética, y un plan que busca convertir a los perros de trabajo en una pieza más conectada —y posiblemente más protegida— de la guerra tecnológica del futuro.