Google reconoció en su Reporte Ambiental que sus emisiones totales de gases de efecto invernadero se dispararon un 48% respecto a 2019, alcanzando las 14,3 millones de toneladas de CO2 equivalente durante 2023, un salto del 13% frente al año anterior. La compañía atribuye este incremento principalmente al consumo eléctrico de sus centros de datos y a las emisiones generadas por su cadena de suministro, ambos factores impulsados por la expansión acelerada de sus productos de inteligencia artificial, entre ellos Gemini y las búsquedas potenciadas por IA.
El problema no es menor si se compara el gasto energético de cada consulta. Según cifras citadas por la propia empresa, una búsqueda con resumen generado por IA consume aproximadamente diez veces más energía que una búsqueda tradicional. Estudios académicos recogidos por la BBC amplían esa brecha: los sistemas de IA generativa pueden llegar a consumir hasta 33 veces más energía que un software convencional diseñado para tareas equivalentes.
La situación no ha hecho más que agravarse con el tiempo. En su reporte ambiental más reciente, publicado el 30 de junio de 2026 y correspondiente al ejercicio 2025, Google informó que sus emisiones acumuladas desde 2019 ya suman un 81% de incremento, tras un salto anual del 18% que la propia compañía calificó como el mayor desde que comenzó a publicar estos informes en 2016. La demanda eléctrica, por su parte, creció un 37% solo en 2025 y ya es 3,5 veces superior a la registrada en 2019, un ritmo de expansión que la firma vincula directamente a la construcción de infraestructura para sostener sus modelos de IA.
Pese a este panorama, Google logró reducir un 2% sus emisiones operativas (Scope 1 y 2) durante 2025, gracias a mejoras de eficiencia en hardware y a la compra de energía limpia, que ya cubre el 100% de su consumo eléctrico por noveno año consecutivo. Sin embargo, casi el 80% de su huella total proviene del Scope 3, es decir, de la fabricación de chips, servidores y materiales de construcción para sus centros de datos, un segmento donde las emisiones crecieron un 25% en el último año.
El compromiso de la empresa es alcanzar la neutralidad de carbono en toda su cadena de valor para 2030, lo que exige reducir sus emisiones un 50% respecto a la línea base de 2019. Con la tendencia actual moviéndose en sentido inverso, expertos como Tom Jackson, de la Universidad de Loughborough, califican esa meta de «realmente difícil» de cumplir en los plazos previstos. No todas las voces son igual de pesimistas: Bill Gates ha estimado que la IA aumentará la demanda eléctrica global entre un 2% y un 6%, y defiende que la pregunta relevante es si esa misma tecnología puede impulsar reducciones aún mayores en otros sectores de la economía.