Un influjo extraño tiene la ciudad de Las Vegas, una mezcla entre lujuria y pomposidad, con una decadencia capitalista que destapa esos gaseoductos profundos de las miserias humanas. Hay en las luces de neón y en las fichas de apuestas que suenan por doquier, una dosis de chabacanería, pero también de plácida fantasía. Es el principio de lo que nadie te cuenta de una de las ferias de tecnología más grande del mundo: la CES 2026.
Porque antes de adentrarse en el laberinto de chips, de memorias RAM, en las callejuelas de la robótica y de la IA, y en los prototipos que auguran un mundo cada vez más mecanizado, es necesario partir recorriendo esta capital del vicio.
Mientras Claro de Luna de Debussy suena de fondo como en Oceans Eleven, y la danza de luces acuáticas del Bellagio hace lo suyo, los turistas que solo quieren derrochar sus dólares en las máquinas tragamonedas, se entrecruzan con miles de los empresarios, CEO’s, representantes y voceros de las marcas más poderosas hoy por hoy de la humanidad: las tecnológicas.
Acá en la ciudad que en enero ya oscurece a las 17:00 horas y que adapta los salones de sus más prestigiosos hoteles para los showrooms y conferencias de los máximos exponentes como Nvidia, AMD, LG, Samsung, Asus, Hisense, también hay periodistas de todos los rincones que llegan a documentar cómo se verá la bola de cristal del 2026 y el futuro; qué nuevos dispositivos nos darán una «vida más cómoda y placentera» y hará que las billeteras se vuelvan a desangrar por nuevas y mejores características técnicas que nos solucionen la vida.
Así parte CES 2026, nada muy distinto a otras ediciones anteriores, esta vez eso sí con la IA rondando como invitado millonario con las ganas de comerse la ciudad y enloquecer a los casinos, con la promesa de que el número ganador, la carta elegida o los dados de la suerte estén de su lado para dominar la próxima década.
Todo entonces parece combinarse de manera exacta en las profecías: acá en Las Vegas, la ciudad que nunca duerme y donde las luces encienden la llama de los pecados capitales, se presenta esa danza de artificio en forma de laptop, teléfono, televisor o automóvil, para decirle al mundo por algunos días, que el verdadero imperio que controla todo se lleva en formato portátil y que todo lo que está en los bordes es desierto y desolación.