Insertar una moneda o pasar una tarjeta para poder llegar al propio departamento ya no es una anécdota aislada. En distintas ciudades de Georgia, Italia y China, algunos edificios residenciales han comenzado a cobrar por cada viaje en ascensor, una práctica que reabre un debate de fondo: ¿el elevador es una comodidad extra o un servicio básico que debería estar incluido en los gastos comunes?
El argumento detrás del cobro por trayecto
Para las administraciones de estos condominios, la lógica es sencilla: quienes usan más el ascensor deberían pagar una porción mayor de su mantenimiento y consumo eléctrico, en lugar de repartir ese costo de manera uniforme entre todos los propietarios. En Georgia, varios edificios de la era soviética instalaron cajas metálicas con ranura para monedas que cobran entre 5 y 10 tetri por viaje, luego de que sus ascensores superaran ampliamente su vida útil estimada. Según reportó la revista especializada Architectural Review, el objetivo declarado fue «recaudar fondos para la electricidad y el mantenimiento del ascensor», aunque un efecto colateral fue que muchos vecinos optaron por subir las escaleras.
En Nápoles, la moneda de 20 centavos fue el estándar desde la década de 1950 hasta comienzos de los años noventa, y algunos edificios reemplazaron ese sistema por controles remotos vinculados a una cuota mensual. En China, el fenómeno tomó otra forma: hacia 2020, en la provincia de Shandong, algunos residentes comenzaron a utilizar tarjetas prepagas para acceder al ascensor, con un costo aproximado de 0,05 yuanes por viaje, de acuerdo con reportes del diario surcoreano Hankook Ilbo. En Pekín, por su parte, un proyecto piloto en el distrito de Daxing implementó un cobro de 0,2 yuanes por trayecto como alternativa para financiar la instalación de nuevos ascensores en edificios antiguos sin necesidad de cobrar una cuota inicial a los vecinos.
Cuando el cobro genera rechazo

La reacción de los residentes y de las autoridades no se hizo esperar. En China, reguladores locales ordenaron a al menos una administradora de edificios suspender el cobro por viaje y devolver, mediante descuentos en futuras cuotas, el dinero ya recaudado, argumentando razones de equidad hacia adultos mayores y personas con movilidad reducida. Casos documentados en medios surcoreanos incluso relataron que administraciones justificaron el cobro como una forma de frenar el uso excesivo del ascensor por parte de niños, aunque las autoridades finalmente prohibieron el sistema de tarjetas prepagas al considerarlo una recaudación no autorizada. En Italia, algunos vecinos manifestaron sentirse «profundamente ofendidos» al descubrir que debían pagar para usar un servicio que consideraban parte de su vivienda.
Un fenómeno que podría no quedarse solo en los ascensores
Mientras el sistema de Georgia se mantiene vigente y el italiano fue perdiendo terreno con el tiempo, la lógica del cobro por uso no desaparece: solo migra hacia otras superficies. Ya existen casilleros de paquetería que funcionan por pago individual, así como sistemas de iluminación en pasillos y calefacción con tarifas escalonadas según el consumo. La tecnología para masificar este modelo ya está disponible; lo que todavía está en discusión es si los propios residentes aceptarán que la fatiga de las suscripciones, tan habitual en plataformas de streaming, termine trasladándose también a la entrada de sus edificios.