La empresa de inteligencia artificial xAI, fundada por Elon Musk, enfrenta una nueva demanda judicial que pone el foco sobre sus prácticas internas de seguridad y la forma en que trata a quienes se atreven a cuestionarlas. Devin Kim, exingeniero de la compañía, presentó una denuncia ante un tribunal estatal de California acusando a xAI y a su matriz, SpaceX, de haberlo despedido de manera ilegal como represalia por haber señalado riesgos graves en el desarrollo del chatbot Grok.
Kim, quien dejó la empresa en septiembre de 2025 y actualmente dirige un centro de investigación especializado en seguridad de la inteligencia artificial, sostiene en los documentos judiciales que sus esfuerzos por establecer salvaguardas en Grok lo convirtieron en objetivo de la cúpula directiva de xAI. Según la demanda, fue despedido abruptamente justo antes de realizar una presentación formal sobre seguridad ante la dirección de la empresa, lo que él interpreta como un intento deliberado de silenciar sus advertencias.
Entre los riesgos que Kim habría identificado se encuentran sesgos algorítmicos, posibles usos discriminatorios del sistema y la capacidad del modelo de difundir información relacionada con armas. Estas preocupaciones no son menores: Grok, el chatbot de xAI integrado en la plataforma X (antes Twitter), ya acumuló controversias previas, incluyendo episodios en los que generó contenido inapropiado de forma masiva.
El caso de Kim no es el primero que vincula tensiones internas en xAI con denuncias públicas. A comienzos de 2025, el ingeniero Benjamin DeKraker renunció a la empresa tras negarse a eliminar una publicación en redes sociales en la que comparaba modelos de IA, incluido el propio Grok, con sistemas de la competencia. xAI argumentó en ese momento que el contenido revelaba información confidencial.
La demanda de Kim abre un debate más amplio sobre la cultura corporativa en las empresas de inteligencia artificial y los mecanismos —o la falta de ellos— para proteger a los empleados que levantan alertas de seguridad. En un sector que avanza a velocidad vertiginosa y donde los riesgos de los modelos generativos son aún poco comprendidos, la pregunta sobre quién cuida a quienes cuidan la seguridad resulta más urgente que nunca.