Un grupo de importantes editoriales ha iniciado acciones legales contra Meta, acusando a la empresa de haber utilizado material protegido por derechos de autor sin permiso ni compensación para entrenar sus modelos de inteligencia artificial. La demanda se suma a una serie creciente de litigios similares que distintos actores de la industria creativa han presentado contra compañías tecnológicas en los últimos meses.
Macmillan, McGraw-Hill, Cengage y otros afirman que Meta cometió ‘una de las infracciones más masivas de materiales protegidos por derechos de autor en la historia.’
Según los demandantes, Meta habría incorporado libros, textos académicos y otras publicaciones protegidas a los conjuntos de datos usados para desarrollar sus modelos de lenguaje, conocidos internamente como LLaMA, sin haber obtenido las licencias correspondientes ni haber negociado algún tipo de acuerdo con los titulares de esos derechos.
Las editoriales argumentan que este uso no autorizado representa una violación directa de la ley de derechos de autor y que, además, supone una desventaja competitiva injusta: mientras que otros actores del sector creativo deben pagar por acceder a contenidos o negociar acuerdos comerciales para distribuirlos, las empresas de IA habrían construido productos millonarios aprovechándose del trabajo ajeno sin retribución alguna.
Este caso sigue la estela de precedentes como la demanda que el New York Times presentó contra OpenAI y Microsoft a finales de 2023, o las querellas de escritores y artistas visuales que han proliferado en diversas jurisdicciones. En todos estos casos, el debate de fondo es el mismo: si el entrenamiento de modelos de IA con contenido protegido constituye un uso justo (fair use) o si, por el contrario, debe estar sujeto a las mismas reglas que cualquier otro aprovechamiento comercial de obras ajenas.
Meta, por su parte, no ha emitido una respuesta pública detallada ante esta demanda específica, aunque en litigios anteriores la empresa ha defendido que el entrenamiento de modelos cae dentro de las excepciones contempladas por la ley estadounidense de derechos de autor.
El resultado de este y otros juicios similares podría tener consecuencias de gran alcance para toda la industria de la inteligencia artificial, al establecer precedentes sobre cómo las empresas pueden —o no pueden— utilizar contenidos de terceros para desarrollar sus sistemas.